Con sólo 9 años, fue testigo de una increíble hazaña futbolera

LA CARTA. Me acuerdo de casi todo. Vivía en Villa Adelina, y el domingo era sagrado. Almorzar pastas en la cantina cerca de la estación de tren, y mientras comíamos mirábamos el partido de tercera por la tele y después salíamos para San Martín. Casi siempre llegábamos cerca del comienzo del partido. Las imágenes me vienen a la cabeza. Algo del primer partido con Platense en Manuela Pedraza y Crámer (estábamos detrás del arco) y después a sufrir el 1 a 7 en Lanús, chau, y yo escuchaba: “Otro año para pelear el descenso”. Mis tíos hablaban de que se habían agarrado a piñas en el vestuario el “pelado” Ortiz y Recúpero, tantas cosas se decían… Pero en el partido siguiente apareció en forma mágica un equipo que no sólo jugaba bien, sino que goleaba ¡5 a 0 a Colón en San Martín!

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Luego van volando los partidos y me ubico a las 10 de la noche en la casa de mis abuelos, en la previa de un viaje a Santa Fe, cortando papelitos con mis primos, cinco éramos en el Fiat 600, todavía siento el calor en la cola por el motor que estaba debajo del asiento trasero. Nos ubicaron a los chicos en una platea que bordeaba la cancha debajo de donde estaba la hinchada de Chaca, cuando hace el gol el Funebrero (Jáuregui en contra aunque parecía que lo había hecho Orife), vino el “Cusa” y lo gritó donde estábamos nosotros, y cuando agarra el alambrado para festejar desaforado, me toca la mano que estaba aferrada al alambre del otro lado. Todo el viaje de vuelta los cansé a todos diciéndole que me lo vino a dedicar a mí. Y así se fueron sucediendo los partidos, con mi edad y con la historia a cuestas, uno no podía imaginar en salir campeón, eso era para Boca, San Lorenzo, Racing o Independiente. Nosotros nos conformábamos con los titulares de los diarios; “Al futbol se juega así” “Hoy juega Boca y el Boom” “Chacarita, una brisa de aire en este fútbol amarrete”. Y me acuerdo de un payaso que todos los partidos lo veíamos en la puerta de la cancha disfrazado y nunca se sabía quién era, o mirar a la hinchada que cada día se entusiasmaba más.

Arriba: Marcos, Puntorero, Recúpero, García Cambón y Orife. Abajo: Petrocelli, Pérez, Poncio, Gómez, Frassoldati y Bargas.

El partido que marcó la diferencia entre un humilde que jugaba bien y un equipo que pedía pista en serio fue el de la Bombonera, cuando entre Marcos y García Cambón se hicieron un festival contra Marzolini y compañía ganando 1 a 0 y poniendo a Chacarita entre los candidatos al título. Después, salvo un tropezón en Rosario, el camino estaba marcado. Perder en la última con San Lorenzo lo llevó a jugar con Racing la semifinal y obligó a que Boca y River jueguen una “final” adelantada, empatan 0 a 0 y el reglamento por mejor posicionado en la previa hizo que los de Núñez jueguen con nosotros. Mientras tanto, en la cancha de Boca, un sanjuanino se tiró de palomita a la gloria para llevar al chico, al humilde, al boom, a jugar la final del campeonato. Esa mañana nos tomamos el tren desde Villa Adelina con mi viejo y un amigo de él que vino desde Córdoba a ver el partido. Me acuerdo que pasamos por la estación Núñez y subieron muchos hinchas de River cantando “Funebrero, funebrero” para ver si alguno de los que estábamos cantábamos, y nos bajaban del tren.

Así publicaba Clarín la consagración de Cahcarita ante River, en 1969.

Eso me dijo mi viejo, ahí me agarró la mano y yo obviamente me quedé callado esperando llegar a Retiro y después llegar a Avellaneda, cruzar un alambre caído para llegar a la cancha. Estábamos detrás del arco donde Marcos hizo el mejor gol de la historia de una final de campeonato. Desde que entramos hasta que nos fuimos a la cancha todo fue increíble; gritar los goles de Chaca con gente que me alzaba y me bañaba en lágrimas mientras mi papá no me soltaba la mano en ningún momento. El miedo, porque al final los hinchas de River que estaban en la tribuna de arriba encendieron papeles y los tiraban para abajo mientras los hinchas de Chaca cantaban “se quema y se quemó; a River se le queman las ganas de Campeón” o con el clásico “Dale Cha, Dale Cha, Dale Chaaaaca lalalalla” (con la música de “Ob-La-Di, Ob-La-Da”, de los The Beatles . Final 4 a 1 Campeón Metropolitano.

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Luego, volver a Villa Adelina, por el mismo camino: Avellaneda, Retiro, tren a Villa Adelina y a casa. Caminábamos esa noche por la avenida Paraná, doblamos en Cajaraville y llegaba hasta el 6.467 de la calle Santa Fe, donde mi mamá nos esperaba con co mida para festejar. Todavía siento la mano de mi viejo apretando la mía. Sin darme cuenta, con mis 9 años había sido testigo de una hazaña increíble. El equipo humilde, el que siempre peleaba el descenso, el del payaso, el equipo de toda mi familia, le había dado una lección al fútbol argentino, a la revista Goles que había preparado una edición especial de River y la tuvo que guardar, a los dirigentes de River que subestimaron, a todos aquellos que no creyeron que con la unidad de los dirigentes, el acompañamiento de su gente y un grupo de jugadores que entendieron el mensaje, se puede lograr lo impensado.Gustavo Szpigiel[email protected]EL COMENTARIO DEL EDITORPor César DossiLos sueños marcados por la pasiónEl 30 de abril de 2019, el Club Chacarita Juniors cumplió 113 años de pura pasión. Un poco más cerca, el sábado 6 de julio, se festejaron los 50 años de aquella hazaña de la que habla el lector. Chacarita obtenía su único título en Primera División al ganarle a River Plate 4 a 1 en una memorable final. Fue ante la presencia de 64.441 hinchas tricolores, en el Estadio Presidente Perón, en Racing.Cuenta la historia que una rivalidad nació cuando el estadio de Atlanta estaba a sólo 100 metros del de Chacarita. Luego, el 8 de julio de 1945, los funebreros se mudaron de Villa Crespo a la localidad de General San Martín. Pero en cada clásico se revive esa rivalidad que ya se hizo inmortal. Lo que cuenta Gustavo es lo que vivió junto a su familia de Villa Adelina, todos los domingos, luego de los almuerzos sagrados en una cantina.Hace poco, Clarín logró juntar a cuatro jugadores de aquel Chaca glorioso: Petrocelli, Bargas, García Cambón y Marcos, que recordaron con nostalgia y entusiasmo la histórica consagración. Gustavo también abre el baúl de los sentimientos cuando con 9 años, en la cancha de los humildes, los sueños se hacían realidad: “Todavía siento la mano de mi viejo apretando la mía”. Si querés publicar tu historia, mandá un e-mail a [email protected], y en el asunto escribí Lectores domingo.

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