Iván Pillud a corazón abierto: “No me fui de Racing porque nunca me doy por vencido”

Iván Pillud es un hombre común. Y no se trata de ningún eslogan de campaña, tan propio de estos tiempos. Ni más ni menos, es un tipo abierto al diálogo, brutalmente honesto, sin dobleces. Un santafesino que dejó Capitán Bermúdez y se mueve en la vorágine porteña, pero no olvida sus raíces. Y cada tanto vuelve al pueblo, claro. Para comer un asado, pescar o visitar a cada uno de sus primos. No podría ser el el futbolista que más tiempo representó a Racing durante el siglo XXI sin todo eso. Porque la persona y el jugador, reza el lateral de 33 años, van de la mano.

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“Soy alguien sencillo y por eso la gente me quiere”, cuenta Pillud en una de las semanas más felices de su carrera. El sábado pasado hizo un golazo ante Vélez en Liniers. “Fue un mimo para conmigo mismo (sic)”, dice. Y se suelta en una charla que abarcará varios temas. Del privilegio de haber ganado dos títulos con la Academia a una enfermedad que lo marcó. De su deseo de retirarse con la camiseta celeste y blanca a esa amistad que nunca creyó que podía construir con Lisandro López. De la necesidad de tener competencia interna a confesar los pecados de una juventud sin arrepentimientos. De todo habla con Clarín. -¿Hiciste un gol de lateral brasileño?-(Se ríe) Creo que sí. Igual, acá en el fútbol argentino hubo muy buenos laterales. Creo que ahora estamos teniendo carencias en el puesto. De hecho, en la Selección está costando encontrar buenos valores en el puesto. Me tocó hacer un muy lindo gol, en un momento justo del partido, con esas cosas propias de los laterales brasileños, como Cafú, Roberto Carlos o Dani Alves.

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-¿Son jugadores que admirás y de los que aprendiste en el puesto? -Sí, siempre. De hecho, desde chico miraba el fútbol de Brasil más que nada por los laterales. Empecé como volante por derecha y me tuve que adaptar a ser marcador de punta, pero siempre tuve esa impronta de ir al ataque. Un ejemplo, para mí, sigue siendo el Pupi Zanetti. Fue un jugador extraordinario, superdotado, pero en cuanto a técnica me quedo con los brasileños. -¿Hasta cuándo jugaste de volante? -Era “8” o “5”. También, más petiso. El estirón lo pegué de grande. En 2003 estuve un año en la pensión de San Lorenzo y me desempeñaba como mediocampista por derecha. Después, en Tiro Federal asumió el Chaucha Bianco, me subió a Primera y justo se lesionó Martín Del Campo, un defensor muy experimentado. Entonces, el técnico me preguntó: “¿Querés jugar de lateral el fin de semana? Si me decís que sí, te pongo todo el torneo”. Acepté, me tocó jugar 20 partidos seguidos y esa decisión me llevó a jugar en Newell’s.

En el corazón de la Academia. Iván Pillud jugó 227 partidos en Racing y metió 5 goles. (Foto: Lucia Merle)

-¿Y te gustaba la nueva posición? -No lo sentía, al principio. Pero la realidad es que en Tiro Federal jugaba con futbolistas de experiencia como el Loco Bordicio, Charles Pérez y ellos me pegaban un grito y me acomodaban un poco. Pero siendo volante por derecha, cuesta un poco adaptarse. Es más, no tengo reparos en decirlo, a veces paso mucho al ataque. De todos modos, con la experiencia entendí cuando tengo que ir o venir, como pasó el otro día con Vélez. Pude hacer un gran gol, aunque no estaba atacando tanto. -El fútbol cambió desde que empezaste la carrera. El lateral es casi un atacante porque el volante interno libera el carril y hay pocos “8”. ¿No es ideal para tu estilo? -Sí, me gusta. Pero yo sigo sosteniendo que todo depende de los jugadores que te rodean y cómo se maneja el equipo en cuanto a táctica. Cuando me toca jugar con Solari o el Oso Sigali, a mí me da mucha comodidad. Cuando Augusto pasa al ataque, yo sé que me releva. Lo mismo cuando tengo que tirar una diagonal hacia adentro, sé que el central se recuesta hacia afuera. -¿Por qué creés que hay escasez de laterales? -Todos quieren ser volantes o delanteros. Me da la sensación de que a los laterales los van haciendo por obligación. Me pasó de ir a prueba a muchos clubes y todos se anotaban de “8”, de “5”, de “9” y de “10”. Tal vez, algún arquero. Nadie quería ser central y lateral. Entonces, te inventaban el puesto.

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Pillud estuvo un año en San Lorenzo, pero le dieron el pase libre. “Hasta el día de hoy lo agradezco, porque tal vez si me hubiera quedado ahí, no habría llegado tan lejos”, dice. “Me fui a Renato Cesarini con el Indio Solari y después, a Tiro Federal”, agrega. Después, Newell’s, un breve paso por el Español de Barcelona, el regreso a Racing, un préstamo de seis meses en el Hellas Verona y la vuelta a casa. -¿El gol te llegó en el momento justo? -Con total humildad, me puso muy contento hacer el gol porque soy un tipo que lucha todos los días. Acá me conocen bien, soy sincero y simple para decir las cosas. Me agarró mucha alegría conmigo mismo. Desde el año pasado que la venía peleando por un lugar. Me trajeron un gran lateral como Renzo (Saravia) y justo me agarró una pubialgia. Fue digno su trabajo en todo el torneo y tuve que esperar. Nunca bajo los brazos y encontrarme con esta oportunidad después de 7 meses sin continuidad o jugar un partido cada dos meses, fue como un mimo para mí. Personalmente, estoy muy feliz. No sé si llegó en el momento justo, porque el Chacho (Eduardo Coudet) me conoce y sabe que soy igual cuando juego o voy al banco. -¿Nunca pensaste en irte, ni siquiera estando relegado? -No, porque sé la cabecita que tengo. Porque soy un jugador inteligente que nunca se da por vencido. Sabía que iba a jugar. -Dijiste que querías que llegara un lateral para competir con vos. ¿No te inquieta que te hagan sombra? -No, porque yo siento que lo necesito. Me pasó de encontrarme en el puesto solo y estar por debajo de la media. Nunca dejé de entrenarme al 100%, pero para mí es contraproducente no tener a un compañero para competir. No me hace jugar bien. Necesito tener esa presión. José Luis (Rodríguez Bebanz) es un jugadorazo (sic), un joven con mucho temperamento, como todo uruguayo, y me sorprendió su técnica. No me encendió una alarma, pero soy consciente de que si bajo mi rendimiento, los pibes me come. -“Pasan los años, pasan los jugadores”, dice la canción de la tribuna, y Pillud siempre está. ¿Por qué? -Porque quiero seguir estando. Cuando llegué acá, a mediados de 2010, me fue muy bien. Al año siguiente, ya estaba en la Selección local y dos veces tuve la posibilidad de irme a River. Me llamó Ramón Díaz para decirme que me vaya con él, pero le tomé mucho cariño a Racing. Sentía que era una institución con muchos años de sufrimiento, con problemas dirigenciales, pero en ese momento había gente que quería cambiar ese paradigma. Renové el vínculo con el club, que era muy bueno económicamente. Salimos campeones, me quedaba un año de contrato y era muy alto. Entonces, resigné algo de plata el primer año y firmé una renovación por cuatro temporadas. A la larga, me sirvió. Y no me arrepiento de nada.

Querido. Pillud dice que fue resistido y cambió el paradigma. La gente de Racing ahora lo adora. (Foto: Instagram)

-¿Hoy los hinchas te valoran más? ¿Por qué te quieren? -Antes era un jugador más resistido, pero considero que el trabajo, ser como soy y con las pilas que le pongo día a día, yo sabía que me iba a llegar esta oportunidad y no la quiero desperdiciar. Estoy muy contento y quiero seguir muchos años más acá, me sigo sintiendo un pibe. Ahora, todo depende de Diego Alberto (Milito), que está en la Comisión y lo estamos pinchando un poquito para renovar un par de años más. -¿Cómo es la relación con Milito manager? -Muy buena. De hecho, concentrábamos juntos. El no me puso distancia en ningún momento, pero yo sí. Considero que así tiene que ser porque le toca estar en una posición diferente y hay que ser muy respetuoso. Diego no entra nunca al vestuario. Y conoce a la institución más que los dirigentes y es un intermediario entre el cuerpo técnico y la dirigencia y lo está llevando muy bien.

Amigos. Pillud con Lisandro y Milito. Con López no creyó tener esta gran relación. Con Diego compartió la concentración. (Foto: Instagram)

-¿Y cómo te llevás con Licha, el otro “viejito” del plantel? -No te olvides de Darío (Cvitanich) que es más grande que yo, jaja… Cuando llegó al club, nunca pensé que iba a lograr una amistad con Lisandro. Es un tipo de perfil muy bajo y hay que saberlo llevar a Licha. Por la cara que tiene, parece que está todo el día fastidioso, pero es una gran persona, tiene muchos valores. Por mi carácter y mi forma de ser, le pude entrar y creo que empezamos una linda relación. Es uno de los pocos amigos que me dio el fútbol. De hecho, compartimos la pasión por la pesca, nos juntamos a tomar mate. Eso nos hace volver a nuestras raíces, él es un tipo de pueblo como yo. -¿Y ya se acostumbraron a vivir en Buenos Aires? -No es fácil. Me encanta esta ciudad, quiero seguir viviendo en ella muchos años más, pero cada tanto necesito irme a mi pueblo, estar con mis amigos. No sé si los que venimos del interior somos diferentes a los porteños, pero acá se vive de otra manera, con una idiosincrasia distinta y nos tenemos que adaptar.

La pesca, su otra pasión. Cada vez que puede, Pillud se hace una escapada a Capitán Bermúdez. (Foto: Instagram)

-Lisandro dio un golpe en la mesa cuando dijo “tenemos la obligación de ganar el campeonato”. Fue después de la derrota con River. ¿Les metió una gran presión? ¿Los convenció? -Tuvimos varios cimbronazos con River. Creo que fue una frase que se le vino a la cabeza y no pensó la repercusión que podía tener. Pero yo estaba tranquilo porque sabía que éramos serios candidatos a ganar el título. Si Boca y River seguían en la Copa, algo que ocurrió porque llegaron hasta la final, podíamos aprovechar la gran chance que nos daban los dos equipos más grandes. -Ahora sucede lo mismo. River y Boca están en la Copa, pero Racing no arrancó bien. -No, igual sigo estando muy tranquilo. Lo hablo mucho con mis compañeros. Estamos muy bien, somos un grupo que busca una hermandad, nos conocemos bien, vinieron chicos muy buenos, con mucha cabeza, inteligentes. Y aunque no empezamos bien, sacando el primer tiempo con Vélez, no tengo ninguna duda de que vamos a hacer un gran campeonato. -Y en ese sentido, ¿este partido con River es clave? -Es un partido fundamental. Es el partido en el que tenemos que empezar a ganar. Hay que seguir jugando de esta manera, ya se nos abrió el arco, pero yo quiero que los goles los hagan los delanteros. -¿Cómo hacen para no relajarse después del campeonato que ganaron? -Hay que ir por más. A mí me dio bronca perder con Tigre en la Copa Superliga. Muchos de los chicos me decían que estaban con un desgaste psicológico, yo los entendía, pero teníamos un equipo dinámico. Si hubiéramos hecho un esfuercito más, podríamos haber tenido otra estrella. Yo creo que no podemos relajarnos. Quiero que se imponga esa mentalidad, tenemos que estar obligados a pelear los campeonatos como Boca y River. No se toma dimensión de la grandeza de Racing.

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-Hay que subirse al ring de Boca y River, eh. -Como también al de Racing. Esta camiseta pesa. De los años que estoy acá, me tocó jugar con cracks y fracasaron. Hay jugadores que empezaron acá con el pie izquierdo y no lo levantaron más. -Dijiste que Racing es tu segunda casa, hablaste de una hermandad. ¿Sentís este club como parte de tu familia? -Paso mucho tiempo en el club. Vengo a las 8.30 de la mañana y estoy hasta 2 o 3 de la tarde. Es mi familia. Trabajo con la gente de Racing Solidario, vamos a la casa Garrahan, llevamos juguetes, ropa. Si tengo tiempo, voy a mirar los partidos de las chicas. Trato de volcarme a todos los deportes del club. -¿Y te gustaría retirarte en Racing? -Hace 3 o 4 años que vengo pensando eso. Tengo contrato hasta junio de 2020, pero estamos conversando para renovarlo. Le dije a Víctor (Blanco) que quiero cinco años más y casi me echa, jaja… Considero que en los clubes grandes es muy difícil jugar hasta cierta edad. Hay que cuidarse mucho. De hecho, hay muchos que juegan hasta los 38, 39 años porque se cuidan. Gracias a Dios, yo no tuve ninguna lesión importante. Pero creo que la buena alimentación te agrega años como futbolista. -¿Cuándo empezaste a cuidarte? ¿Cuándo hiciste el click? -Cuando cumplí 30 años. Estaba con esa frase de la gente grande que me decía: “A los 30 años te cambia el físico”. Llegaron los 30, tengo 33, siento que no soy el pibe de 20 años, pero físicamente soy un privilegiado. Cambié la alimentación. El Chacho está buscando la excelencia en todo aspecto. Por primera vez en mi vida, llegué a pesar 83 kilos cuando fuimos a la pretemporada en Orlando. Me sentía bien, pero pesado. Y bajé casi cinco kilos en un mes. No es que me haya relajado con las vacaciones, pero en una pretemporada, más allá de las cuatro comidas, tenemos muchas posibilidades. Y ahí fue cuando Ivancito metió un bocado de más.

Racing solidario. Pillud tiene activa participación en las acciones benéficas del club. (Foto: Instagram)

-¿Y los más chicos entienden la importancia de cuidarse? -Uno lo entiende, lo procesa cuando es pibe, pero después no lo hace. Me pasó a mí. Cuando tenía 20 años creía que todo era interminable. Uno cree que va a jugar al fútbol para siempre y cuando vas creciendo te das cuenta de que no es así. Cuando era pibe, salía a tomar algo, me iba a un boliche, pensaba que me podía llevar el mundo por delante. No sé si el cuerpo me pasa factura, porque me siento el mismo Pillud que cuando tenía 26 años. Y tenemos un gran preparador físico que nos mata, nos tiene al trote. -¿Y cómo hace el futbolista para no perder la cabeza con la popularidad, el dinero y todas las tentaciones? -Es muy brusco el cambio. Cuando vas creciendo, te vas asentando. Hoy un pibe de 20 años que tiene su primer contrato, al que el representante le da su primer auto o le presta su departamento o vive en Puerto Madero; un chico que tiene todas esas facilidades sin ningún partido en Primera… Y, es difícil llevarlo. Por eso yo, que cometí errores, trato de volcarles a los pibes la experiencia. Soy de darles consejos. “No hagan estas cosas que yo hacía cuando era pibe”. Pero es muy difícil, hoy hay redes sociales, todo se viraliza muy rápido. A los chicos les digo: “Che, cabezón, en vez de ir a un boliche, encerrate en tu casa y hacé una fiesta tranqui (sic) que no se entera nadie”. -¿Te gustaría ser técnico? -Lo pensé y no, no me gustaría. -¿Por qué no? -Lo hablé con el Chacho, con Milito, con (Diego) Cocca, con el Cholo Simeone, con Miguelito Russo… Debe ser algo muy difícil. Tengo a mi hermano mellizo, Maxi, que jugó en el fútbol amateur y está haciendo la carrera de técnico y me está hinchando para que haga el curso. Por ahí, podría ser ayudante de campo. A mí me gusta llevarme bien con todo el mundo y considero que ese puesto es ideal, el que te da un abrazo y te palmea y te dice “dale para adelante, que vas a jugar”. El entrenador tiene que tomar otro tipo de decisiones. Y no es fácil dejar conforme a 30 profesionales. -Tuviste hepatitis B. ¿Cuánto tiempo te dejó afuera de las canchas? -Estuve tres meses parado y una semana postrado en una cama. Me debilitó totalmente. Fue bravísimo. No pensé que me iba a morir, pero mi vieja se asustó mucho. Soy muy mamero (sic), me crié mucho con mi familia, el tipo de pueblo es muy apegado, ella me siguió siempre. Me asusté más por ella que por mí mismo. Me recuperé sin problemas, gracias a Dios, me hago los estudios una vez año. -¿Qué enseñanza te dejó la enfermedad? -Que no hay que confiar tanto en las personas. Cambié la manera de ver las cosas. Trato de inculcárselo a mis amigos, a los más chicos, que se cuiden, porque son enfermedades de transmisión sexual, no me da vergüenza decirlo. Hay que cuidarse. Fue heavy lo que me pasó.JCh.

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