Eduardo Medici y una elegía a la fragilidad de la vida

Un paraguas protector”. En cualquier situación que parezca amenazante, los humanos solemos usar como un conjuro esa expresión redundante que en su grandilocuencia denuncia su propia debilidad. ¿Protector? De lo único que protege un paraguas –con suerte y sin viento– es de la lluvia. De esa vulnerabilidad de los que usamos paraguas para cubrirnos del agua o de cualquier otro mal, real o imaginario, trata en gran parte Malos tiempos, la muestra que Eduardo Medici inauguró hace días en la Galería Rubbers. “Paraguas y más paraguas. Cuando la lluvia y el viento arrecian como si quisieran limpiar toda la maldad de la Tierra, los paraguas ya no alcanzan. Ya no hay donde cobijarse: la naturaleza muestra su fuerza y el hombre su debilidad. Pero de los otros males, los causados por el hombre mismo,¿cómo nos protegemos?”, se pregunta un texto con el que la galería acompaña la muestra.

Sin título, 2018, acrílico sobre tela, 180 x 120 cm.

Son unas veinte obras producidas en 2019 y 2018, casi todas pinturas, casi todos acrílicos sobre tela de formato grande, mediano y pequeño; algún dibujo; alguna fotografía levemente intervenida, las que Medici ha reunido en el luminoso espacio en forma de hache de Rubbers. En el ala que da a la Avenida Alvear están colgadas las pinturas de los famosos paraguas, mostrando toda su risible ineficiencia –comparable a la de una curita para detener la hemorragia de un degollado– en la pretensión de cuidar esos cuerpos desnudos, esbeltos, alargados, que son un clásico en la pintura de Medici y que paradójicamente, pese a su belleza juvenil no hacen sino recordar la fugacidad y la finitud de la vida. Hay algunas diferencias sin embargo entre las pinturas de este grupo. En “La infatigable levedad de los cuerpos”, por ejemplo, sobre un fondo celeste que también es ya un sello en la obra de Medici, los cuerpos flotan, se elevan, vuelan entre paraguas negros que también flotan en una especie de coreografía aérea que acaso evoque a Matisse. Salvo unas rápidas pinceladas rojas que si uno se pusiera exagerada, casi caprichosamente trágico, podría confundir con lluvias de sangre, no hay nada en la vitalidad de esa escena que anuncie la vecindad de la muerte. Y sin embargo…

“Mejor prevenir”, 2019, acrílico sobre tela, 170 x 120 cm.

Hay otra escena de paraguas en vuelo, como una colorida bandada de pájaros, donde un ave de rapiña ataca con ferocidad el cuerpo desnudo de un hombre tendido sin defensa sobre uno de los paraguas.Otras como “Mejor prevenir”, que se reproduce en esta página, son más sombrías. y podrian leerse como una metáfora de la soledad y la vulnerabilidad humana, una constante en el trabajo de Eduardo Medici. La sensación que probablemente perdure en el espectador después de recorrer el conunto de obras es que en su obra habitan, por un lado, le levedad de la vida, el impulso vital, los sueños y el deseo y, por el otro, la pesadumbre, la incredulidad, la angustia existencial que produce la conciencia de la inevitabilidad de la muerte. Dicho en sintético español: el espanto.

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El lenguaje pictórico de Medici parece acompañar estos sentimientos. La línea con la que dibuja a sus personajes es por momentos tan vacilante, delicada y frágil como la vida. Lo es por ejemplo en “Un lugar para restaurar el mundo” (2018). En el centro de la escena, un hombre está sentado con los pies en un estanque de agua. Lo rodea un paisaje que podría ser la representación misma de la naturaleza pero podría tratarse también de la representación de lo que el personaje imagina en el estado de ensoñación en el que parece estar. La línea blanca que define sobre el verde y el azul las siluetas de un perro o un lobo, de un cactus y de otro hombre aparentemente crucificado en un árbol seco es quebradiza, débil, vulnerable como la vida o como el ambiente del mundo que el título pide de la obra restaurar.

“Casi nada”, 2018. Acrílico sobre tela, 130 x 100 cm.

Como muchas de sus pinturas, Eduardo Medici es un artista que contiene multitudes. A pesar de que el período de su trabajo que abarca la exposición es menor de dos años, son muchos y diferentes los Medici que pasan frente a los ojos del espectador. Es difícil, por ejemplo, imaginar que el autor de las pinturas mencionadas hasta aquí sea el mismo que el de “Extravío de la mirada” y de las tres pequeñas pinturas abstractas sobre papel con el mismo título (I, II y III) exhibidas casi como un políptico. Estas últimas, tres manchas, son como restos: las paletas, las huellas del trabajo del artista cuando pintó la primera: una obra que recrea “Las meninas” de Velázquez, que el artista ha visitado muchas veces a lo largo de su trayectoria. En este caso específico se conserva parte de la escena: el revés de la tela de Velázquez, el pintor frente a la infanta Margarita, personaje central de la obra de Velázquez que no vemos, el perro que descansa en el suelo bajo el pie amenazante de un niño. Pero en lugar de las otras niñas del grupo original se ven tirados en el suelo los cuerpos aparentemente sin vida de tres personajes, dos de ellos mujeres de nuestra época, que no se sabe cómo llegaron allí. El otro yace sobre lo que parece un charco de sangre. La escena del artista español se ha convertido en una escena a partir de la cual es posible imaginar un relato policial. Y desde el techo de la habitación, lo que era una lámpara en la antigua pintura es ahora un ojo de Dios que lo observa todo. Una escena llena de misterio y poesía, como la pintura de Medici.Eduardo MediciBuenos Aires, 1949Estudia dibujo y pintura con Anselmo Píccoli, y se recibe de Licenciado en Psicología. Desde sus comienzos y, teniendo en cuenta su formación, sus pinturas formulan una perspectiva sobre la vida y la muerte, sobre las miserias humanas. Recibió entre otras distinciones el Premio Jóvenes Artistas a la Trayectoria, otorgado por la Asociación Argentina de Críticos de Arte (1990); la Beca Miró (1993) y el Premio Arlequín, otorgado por la Fundación Pettoruti (1997). Sus obras integran colecciones públicas y privadas de Buenos Aires, Santa Fe, Maldonado, Río de Janeiro, San Pablo y Skopje (Macedonia).Malos tiempos.​​Lugar: Galería Rubers, Av. Alvear 1640, PB. Fecha: hasta el 22 de agosto. Horario: lunes a viernes, 11 a 19; sábados, 11 a 13.30. Entrada: gratis.

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