La industria semillera, una oportunidad para la innovación, empleo y crecimiento

Por Alfredo PaseyroEl término semillas está presente en todas las mesas de competitividad que convoca el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca. Tanto en los cultivos extensivos, regionales, forestales, frutales, especialidades e incluso en las de bioeconomía. El propio Presidente de la Nación se involucró en estas mesas dando visibilidad al tema. No es casual, es sabido que toda producción de alimentos, bebidas y bioenergía comienza con una semilla de calidad.
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La industria semillera está compuesta por empresas nacionales, familiares, PYMEs, institutos de investigación como el INTA, el CONICET, las Universidades y también empresas internacionales. Todos invierten, investigan e innovan, generan empleo altamente capacitado y lo hacen en cada una de las zonas productivas. Es una industria de base territorial con fuerte impacto en lo social y productivo.El Sistema de Semillas Argentino comienza con la investigación en laboratorios estatales y privados que luego pasa a ensayos a campo, comenzando con pequeñas producciones que son incrementadas por las Pymes que multiplican la producción para lograr escala.

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Estas producciones son procesadas en plantas altamente tecnificadas que se encuentran en el interior del país, logrando una semilla de calidad que ingresa en un canal comercial que cuenta con un asesoramiento técnico directo a cada uno de los más de 350 mil productores del país. Cada una de estas actividades está bajo el control y fiscalización del INASE.La investigación y desarrollo se realiza con más de 11.000 técnicos especializados, las empresas invierten un 9% de su facturación en I+D, más del doble que la industria farmacéutica, este nivel de inversión es comparable al de Estados Unidos (13,5%), Europa (14 %) y Japón (10%). El 67% del personal científico dedicado a la I+D lo hace en el sector privado, mientras que el 33% restante lo hace en las instituciones públicas. El desarrollo de un nuevo cultivar requiere de aproximadamente 10 años de investigación y desarrollo e importantes presupuestos por lo que es imprescindible marcos regulatorios previsibles y estables para permitir este tipo de inversiones, que de otra manera, se van a países competidores.Hace 10 años se constituyó el Cluster de la Semilla, con eje entre los municipios de Pergamino y Venado Tuerto, integrado al INTA, las empresas, las universidades y las instituciones técnicas. Los proyectos del Cluster son la formación de recursos humanos especializados; relevamiento de los recursos hídricos; transformación de la biomasa generada por la industria en energías alternativas; implementación de programas de calidad de semillas con multiplicadores; desarrollo de proveedores especializados de maquinaria para la industria semillera y generar un observatorio de semillas forrajeras.

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Oportunidades y desafíosA partir de la política de inserción internacional, nuestros productos se exportan a más de 120 países, que demandan más y mejores alimentos. La Argentina se encuentra ante una oportunidad única de generar divisas vía el comercio exterior. Pero también nos enfrentamos a nuevos desafíos.Los compradores demandan calidad en sus diferentes expresiones: proteínas, calidad de los aceites, tamaño de los granos, color y textura de las frutas y verduras, etc. Y es ahí donde las cadenas de productos comienzan a trabajar en todos los eslabones, requiriendo semillas que brinden respuestas a estas demandas de calidad. Ante esta necesidad los programas de mejoramiento genético cobran relevancia, constituyéndose en el factor determinante de la calidad final del producto de exportación y consumo interno.Argentina aún no tiene una Ley de Semillas que permita proteger el desarrollo de la investigación e innovación público y privado tal como sucede en los países líderes de producción de alimentos. Pero, en los últimos años mucho se ha trabajado para poder brindar las condiciones de previsibilidad a todos los actores: productores, desarrolladores y al propio Estado. El sector privado trabajó en una mesa estableciendo los puntos básicos que dicha reforma debe incluir, se generaron consensos y se trabajó bajo la premisa de “disponer de las tecnologías para no perder competitividad”.

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A la fecha existe un dictamen de la Comisión de Agricultura de la Camara de Diputados que conserva estado parlamentario hasta fin de 2019, pero para dar tratamiento en el recinto faltan aún votos. Mientras este debate de semillas sigue abierto, el Congreso dictó dos leyes complementarias: Ley de Promoción de la Biotecnología y la Ley de Economía del Conocimiento, sólo resta completar este triángulo virtuoso con una nueva Ley de Semillas.Como novedad la industria avanzó con el uso de herramientas tecnológicas incorporando el uso de marcadores moleculares tanto para la diferenciación al momento del registro como así también la identificación comercial y nos pone a la vanguardia a nivel mundial. También se desarrollaron sistemas de fiscalización en soja y algodón que generan oportunidades para encontrar un futuro promisorio.La Argentina cuenta con los conocimientos científicos tanto en el sector público y privado como para poder aprovechar esta demanda de alimentos, fibras y biocombustibles que el mundo demanda. No perdamos esta oportunidad de más innovación, más empleo y más crecimiento. Nota de redacción: el autor es director ejecutivo de la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA).

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