Vivían juntos y él la violó durante meses: lo condenaron a 6 años de prisión

Se conocieron navegando… en las redes sociales, en el sitio Zona Citas. Chat va, chat viene, empezaron a pegar onda, compatibilizar, y una semana después de cientos de mensajitos, quedaron en verse en un bar por Palermo chico. Era marzo de 2014.Ella, FB, de poco más de treinta, diseñadora de interiores; él, DM, de poco menos de cuarenta, analista de sistemas. Como en toda primera cita, cada uno de ellos intentó ofrecer su mejor versión. “Él parecía muy amoroso, yo le pregunté por su vida, él me dijo que había tenido un desamor muy grande… que había intentado suicidarse por una expareja”, declaró FB ante el Tribunal Oral N° 15. “Se lo notaba como muy contento de estar conociéndome”.
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Empezaron a salir, y en junio de 2014 comenzaron a convivir en el departamento de ella. En mayo de 2015 se separaron y pocos días después ella lo denunció por abuso sexual ante la Oficina de Violencia Doméstica, que ordenó la inmediata protección de FB: él negó todo.A partir de ahí comenzaron las investigaciones que se extendieron por más de tres años, y en agosto último se realizó el juicio en el Tribunal Oral Federal (TOF) N° 15 de la Capital Federal, en el que tres jueces (Adrián Martin, Gabriel Vega y Ricardo Rojas), de manera unánime, condenaron a DM a seis años de prisión efectiva por haberlo encontrado culpable de abuso sexual con acceso carnal. Una Cámara de Casación, posiblemente antes de fin de año, revisará la condena.Se trata de una pena con contados antecedentes. No son habituales los casos en que las víctimas de abusos sexuales denuncien y lleven a juicio a sus parejas, con quienes conviven y con quienes eventualmente tienen relaciones sexuales consentidas, aunque ninguna de esas circunstancias hacen que un abuso deje de serlo.Para Ignacio Mahiques, fiscal del caso, quien había pedido siete años de prisión para DM, no se puede desligar la condena de un momento en el que la palabra de la mujer y el #NoesNo tienen un nuevo peso.”Se tuvo en cuenta como agravante la reiteración de los hechos, porque esto sucedió durante casi un año, período en el que el hombre la abusaba, la humillaba, la accedía carnalmente sin su consentimiento, lo que dañó el estado emocional de la mujer. Ella no se encuentra bien, dejó su casa y se fue a vivir con su mamá”, señaló el fiscal en su alegato, al que accedió Clarín.Además de los peritajes de psicólogos y psiquiatras oficiales, de psicólogos particulares —de ella— y de los informes médicos, los jueces tuvieron en cuenta datos de las compañías telefónicas que detallaron comunicaciones entre FB y su terapeuta, y del imputado con la víctima. De todos modos, dice Mahiques, en el juicio fue crucial, sobre todo, “la verosimilitud de la declaración de la víctima”.

Las escenas de abuso se repetían, incluso, cuando los hijos de él (menores de edad) se quedaban a dormir en la vivienda.

De acuerdo a lo que se pudo reconstruir de esta dramática historia a partir del alegato de Mahiques, el imputado obligaba a la víctima a mantener relaciones sexuales contra su voluntad, principalmente cuando estaban acostados en el dormitorio que compartían, a pesar de que ella le decía expresamente que no quería.Las escenas de abuso se repetían, incluso, cuando los hijos de él (menores de edad) se quedaban a dormir en la vivienda —sucedía fin de semana de por medio—, oportunidades en las que el hombre la accedía tapándole la boca. “Al otro día yo lloraba, porque me parecía atroz”, declaró FB.DM habría abusado en el pasado a la mujer con quien tuvo sus dos hijos. A mediados de 2013, cuando se encontraron para hacer el reparto de bienes y otros trámites, DM forzó a la madre de sus hijos a tener una última relación sexual, atándola contra su voluntad. Consumada la violación, él intentó en vano suicidarse con veneno para ratos, actitud que persuadió a la mujer de retirar la denuncia que había realizado.

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El principio de la convivencia entre FB y DM fue calmo y dentro de la normalidad. “Como toda pareja, teníamos relaciones consensuadas, no hubo ni un sí ni un no”, contó FB. Hasta que todo se empezó a desvirtuar y la relación se tornó tortuosa. “Yo estaba en terapia y como nunca había tenido una convivencia, quería ser la mejor, y me dieron unos tips para ser una buena compañera”, contó.La diseñadora manifestó que desde hace tiempo que sufre de migrañas y fotofobia, y que cuando aparecen esos síntomas no tiene ganas de tener sexo, “me dan ganas de vomitar”, contó. Pero esas dolencias excitaban a DM. “Tenía fiebre y él quería tener sexo. Yo decía ‘no puedo más’ y él respondía ‘me estás cansando con tu migraña, siempre estás enferma’. Para él lo que yo le decía era lo mismo que la nada”, amplió la mujer.En su testimonio, FB contó cómo se fue destruyendo la relación de pareja. “Me obligaba a ver películas porno (…). Yo le decía que me hacía mal, que no me gustaba”, puntualizó. Y detalló cómo de modo paulatino él pasó de la insistencia, la presión y la manipulación para mantener relaciones sexuales, a la imposición a pesar de su resistencia.En su extenso relato, ella contó que desconocía si era violada o no. “Porque en realidad no estaba consciente, [él] me manipulaba. Como que las relaciones así eran normales”, dijo la mujer. Incluso, en su terapia, a FB le sugerían: “a veces una tiene que ceder, porque toda convivencia es así”.A la insostenible relación sexual se sumaba el tono agresivo de DM. “Me decía ‘puta’, esas cosas, ‘viste puta que te iba a gustar’, y yo le decía que me lastimaban esas palabras fuertes. Me decía que teníamos que ser más salvajes… Cuando me bañaba él también entraba de prepo”, detalló FB.En caída libre, sin tener idea de cuándo ni cómo terminaría aquello, FB empezó a temerle a la noche, a dormirse. “Cuando yo dormía, él, de repente, estaba adentro mío, y yo, atada con un pañuelo, le decía que no, ‘no quiero, salí, dejame dormir’, y me contestaba ‘tengo ganas, ¿para qué está la mujer? Cuando yo tengo ganas, tengo ganas’. Y ahí empecé a tener miedo de dormir cuando venía la noche”.Para colmo, DM no quería usar preservativos. “Pretendía embarazarme y yo no quería que esa persona fuera el padre de mi hijo, yo no quería estar más con él. Se ponía violento, golpeaba paredes o puertas… Yo nunca hice escándalo en mi edificio, los vecinos escuchaban gritos y cosas, me daba mucha vergüenza”, relató FB.Ante algunos abusos de los que ella se quejaba, DM le pedía perdón y prometía cambiar su conducta, pero todo seguía igual.La mujer cambió de terapeuta. Y la nueva profesional no dudó: “Eso se llama abuso, eso es violación”, diagnosticó contundente. FB finalmente se convenció de lo que estaba ocurriendo: “Lo que más hacía él era violarme cuando yo dormía y cuando me duchaba. Era gracioso para él”. DM utilizaba pañuelos para reducir a FB, quien a raíz de eso dejó de bañarse. “Ya no me gustaba bañarme, cada vez estaba más sucia. Durante más de seis meses solo me bañaba cuando venían sus hijos, para tener una imagen mejor, pero no para él… A él quería darle asco para que no me tocara más”, contó la mujer.La psicóloga la veía traumada a FB, que recibía cartas de amor, mensajitos cariñosos y pedidos de perdón de DM, que buscaba confundirla haciendo “buena letra”, ya sea cocinando o limpiando. “Me costó escuchar que la terapeuta me dijera que tenía de pareja a un psicópata, que me tenía que dar cuenta de que me violaba y que me tenía que ir de mi casa”, contó FB.  

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En mayo de 2015, tras un último abuso, FB llegó a su casa, preparó un bolso con ropa, agarró a su perro y se fue a unas pocas cuadras, a la casa de su mamá, quien no tenía la menor idea de todo lo que le pasaba a su hija. “No podía hablar, ni decir nada”, recuerda.El 15 de mayo de 2015, FB denunció a su pareja en la Oficina de Violencia Doméstica. “La violencia sexual es la más desestructurante psíquicamente, es el ejercicio del poder en la forma más descarnada. Genera sentimientos de temor, de ansiedad, de tristeza, un ataque constante a la autoestima”, concluyó el alegato de esa entidad. ¿DM? Niega todos los cargos en su contra, pero ya fue condenado en primera instancia.LGP

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