De la composición química de las lágrimas a las motivaciones psicológicas, un libro explora por qué y cómo lloran las personas

Las lágrimas emocionales tienen niveles de proteína más altos que las otras dos clases de lágrimas: por eso son más gruesas y densas. (Shutterstock)“Sospecho que las historias sobre lágrimas se viralizan porque a las personas les gusta ver una descripción visual —y científica— del arco emocional que ellas mismas han experimentado al llorar”, escribió Heather Christle en The Crying Book (El libro del llanto), que salió en noviembre en los Estados Unidos y ya está entre los mejores del año para Time y The New York Times. Todo el mundo ha llorado, desde el día que nació. Es, además, una manifestación exclusivamente del Homo sapiens: ninguna otra especie del planeta la realiza, aunque algunos sostienen —pero hasta ahora no se ha comprobado— que los elefantes pueden hacerlo en ocasiones. Sobre esa universalidad, la autora construyó un libro asombroso, que indaga en la biología de las lágrimas y la psicología del llanto, pero también en su propia emoción como madre y su propia desesperación, causada por un estado depresivo.“El cuerpo fabrica tres clases de lágrimas: basales, que son omnipresentes y sirven como lubricante; irritantes, que se producen cuando el ojo necesita eliminar una sustancia extraña; y psicogénicas, que se producen para expresar emociones”, describió, en uno de los párrafos de contenido científico. “La diferencia consistente entre las lágrimas psicogénicas de la tristeza y las lágrimas irritantes de la cebolla existe no sólo en el nivel más estructural de los cristales, sino en la capa más profunda de las proteínas. Todas las lágrimas psicogénicas tienen niveles de proteína más altos que las lágrimas basales o irritantes”. Por eso, por ejemplo, son más gruesas y densas y ruedan más lentamente por la cara.El llanto es una manifestación exclusivamente humana. (Shutterstock)Pero también indaga como observadora amateur en el potente comienzo de su libro: “Supongo que algunas personas pueden llorar despacito y volverse más bellas, pero después de un buen llanto, la mayoría de las personas se ven horribles, como si les hubiera crecido una cara de repuesto enferma debajo de la que se les conoce, por lo cual queda muy poco espacio para los ojos. O parece que han sido golpeadas. Nosotros lo parecemos. Yo lo parezco”.Christle citó varios trabajos anteriores, en particular ensayos, como Crying: The Mystery of Tears, de William Frey, una exploración científica de cómo y por qué lloran los humanos, de 1985, y Crying, de Tom Lutz, una historia natural y cultural de las lágrimas, de 1999.Frey dirigió, durante varios años, experimentos sobre la composición química de las lágrimas e investigaciones sobre las formas que se da el llanto entre los adultos en los Estados Unidos. “Él propone la idea de que llorar es un proceso de excreción, que ayuda a que el cuerpo se libere de químicos asociados al estrés y que esta podría ser la razón por la cual nos sentimos bien después de un buen llanto. (No sucede, no siempre, pero el lector ya lo sabe.) Cuando Frey publicó su trabajo, la respuesta en los medios fue enorme, tan viral como podía ser en la era pre-internet. Walter Cronkite lo entrevistó. Charles Schulz se refirió a su obra en una historieta de Peanuts”, celebró.The Crying Book analizó historia, ciencia y cultura de las lágrimas.(Shutterstock)Lutz, en cambio, hizo una indagación más antropológica: “Del mismo modo que las primeras lágrimas del bebé indican su deseo de alimento o consuelo, las lágrimas suelen señalar un deseo, una voluntad o un ruego. La gente que sufre de ciertas clases de depresión clínica no llora precisamente por han abandonado —según sus propias palabras— toda esperanza de que sus deseos sean atendidos”, observó.Con frecuencia son las emociones mezcladas o los deseos contradictorios —miedo y anhelo, esperanza y desesperación— los que pueden desencadenar la liberación de lágrimas. “Las lágrimas que lloran los amantes pueden expresar el deseo de intimidad y, a la vez, el temor a esa intimidad. Las lágrimas del duelo señalan nuestro deseo de volver el tiempo atrás y mágicamente redimir nuestra pérdida, y al mismo tiempo la amarga conciencia de la imposibilidad de tal deseo”, puso el autor en paralelo.Christle acababa de perder a un amigo por su propia mano cuando, triste, comenzó a tomar notas sobre su llanto. Como autora reconocida y premiada de poemarios —The Difficult Farm, The Trees The Trees, What Is Amazing, Heliopause—, pensó que la colección de apuntes que tenía sería otro. Algunas de esas líneas se colaron en el que resultó su primer libro de no-ficción: “La desesperación quiere que no reconozca la diferencia entre ella y yo”, por ejemplo.“Lo primero que hicimos en la vida fue llorar”, escribió Heather Christle en “The Crying Book”.Al cabo de una enorme cantidad de palabras pensó que tal vez escribiría un ensayo para una revista. Pero meses más tarde tenía su casa invadida por una “llantoteca”, toda clase de material existente sobre las lágrimas y el llanto, y textos que no cabían en los géneros que acostumbraba. Así decidió probar con un libro que fuera un mosaico de ciencia, historia, psicología, cultura y experiencia personal. Y pensándolo estaba cuando nació su primera hija, que le recordó en el acto: “Lo primero que hicimos en la vida fue llorar”.The Crying Book no quedó organizado en capítulos, sino como una larga observación del fenómeno del llanto humano hecha de pequeños fragmentos que lo abordan desde diferentes perspectivas. Junto con la biología de las lágrimas se analiza el impacto de la pérdida y de padecimientos mentales como la depresión; junto con la sorpresa de las emociones alegres que provocan llanto, hay estadísticas sobre una de “las expresiones especiales del ser humano”, como dijo Charles Darwin.“En ocasiones llorar o no llorar es una elección, y no se sabe cuál es mejor. No es cierto: si uno está solo, o a solas con otro, hay que llorar. Llorar cuando hay más personas presentes, concluyó el Estudio Internacional sobre el Llanto Humano, puede conducir a un empeoramiento del ánimo, aunque eso puede depender de las reacciones de los demás”, observó Christle. Esas otras personas pueden hacer que quien llora sienta vergüenza, pero también —según el mismo estudio— pueden reaccionar con compasión, con “palabras de consuelo, abrazos de consuelo, y comprensión”.No siempre quien llora quiere ese consuelo, sin embargo. Por eso los espacios donde fluyen las lágrimas son relevantes para los humanos, destacó Christle: “El automóvil es un área privada de llanto. Si uno ve a una persona llorando cerca de un automóvil, puede ofrecerle ayuda. Si uno ve a una persona llorando dentro de un automóvil, sabe que ya encontró sostén”.La autora también presentó algunas peculiaridades culturales, como las lloronas profesionales. “‘Algunas personas no saben cómo llorar. Algunas personas, cuando pierden a sus familiares, no saben cómo hablar y llorar’, dijo Ami Dokli, una contratista a la que la gente llama para ‘que vaya a sus funerales y llore en lugar de ellos’ en Ghana”.Mujeres como ella, describió, ayudan a “que la pena recuerde cómo convertirse en lágrimas”. Agregó: “Dokli ofrece forma, no contenido; modela el formato en el cual puede fluir el duelo de alguien”. Dokli y sus colegas han tenido una educación en el llanto: todas son viudas.El libro se construyó como un mosaico de ciencia, historia, psicología, cultura y experiencia personal. (IStock) (Getty Images/iStockphoto/)Hay descripciones físicas: “La duración del llanto importa. Yo valoro especialmente una sesión prolongada, que me da tiempo de sentir curiosidad, de mirar en el espejo, de observar mi tristeza física. Un llanto realmente potente puede soportar hasta esta actividad científica. Uno se arrastra hacia el baño, con la cabeza gacha, como escondida, y entonces junta coraje para alzar la mirada hacia el espejo, donde ve cómo su respiración hiposa le sacude los hombros, y ve la nariz como la de un borracho de la vida entera. A uno puede interesarle tocar, por un momento, la cara hinchada, echar un vistazo a un ojo inyectado en sangre, y al otro, pero la belleza realmente radica en el movimiento: en observar cómo la boca trata de tragar la desesperación”.Sin embargo, agregó, “si los científicos muestran imágenes de rostros cuyas lágrimas han sido eliminadas con photoshop, las personas tienen dificultad para reconocer si alguien está riendo o llorando”. Y bajo el microscopio, describió, las lágrimas parecen paisajes: citó el libro de la fotógrafa Rose-Lynn Fisher, The Topography of Tears, que realizó imágenes de los distintos tipos de lágrimas humanas aumentadas miles de veces.En general las lágrimas se liberan por la mezcla de emociones o deseos contradictorios: miedo y anhelo, esperanza y desesperación.“Hay diferencias químicas entre las lágrimas emocionales y las que se producen por irritación física”, destacó Christle. “La gente que se traga las lágrimas emocionales muestra una excitación sexual más baja. Una vez me puse a llorar durante el sexo, no por el sexo sino más bien por la canción melosa de Belle y Sebastian que sonaba en el estéreo. La gente llora en respuesta al arte, con mayor frecuencia a la música. La poesía se menciona en segundo lugar. La gente puede incluso llorar por la arquitectura”.En su libro, Lutz había subrayado que, a pesar de ser algo tan propio de la especie, los humanos sabían “sorprendentemente poco” sobre el llanto. “Conocemos algunos de los procesos fisiológicos básicos que participan, un poco sobre las glándulas y los conductos y la actividad hormonal que los acompañas. Conocemos algunos de los nervios principales que se manifiestan, y algunos de los sistemas cerebrales que se activan”.Christle llenó algunos de esos vacíos de conocimiento. Costumbres del llanto, por ejemplo: “La mayor parte del llanto se produce de noche. La gente llora de fatiga. ¡Pero qué horrible es escuchar que alguien diga: ‘Sólo está cansada’! Cansada, sí, por cierto, pero ¿sólo?”Heather Christle, autora de “The Crying Book” y poeta estadounidense. (Christopher DeWeese)Recorrió, también, algunos lugares comunes que no tienen mayor base, como que “las lágrimas son un signo de desvalimiento, ‘un arma de mujer’”, o que hay gente que finge que llora para obtener algo de otro. “Todas las lágrimas son lágrimas reales”, citó al “experto en llanto” Ad Vingerhoets, pero algunas pueden ser “poco sinceras”. Subrayó Christle: “Escudriñamos las lágrimas de los demás en busca de su sinceridad. Incluso podemos dudar de la sinceridad de nuestras propias lágrimas”.Y desde luego, hay grandes momentos poéticos y personales en The Crying Book. Escribió la autora, como si confesara: “La maternidad me mata. Lloro cuando miro una representación —sea ficticia o no— del parto. También he llorado en el gimnasio, en el elíptico, mientras miraba el trailer de una película tonta y conmovedora. Esperé a que el automóvil de mi hermana avanzara unos cien metros hacia su mudanza a Maine, y entonces lloré. Lloré delante de una multitud —mortificada— mientras leía un poema que escribí para mi amigo Bill, muerto”.Lágrimas en el microscopio, lágrimas según la cultura, lágrimas de gases lacrimógenos: todas caben en “The Crying Book”. (Shutterstock)Esa habilidad con las palabras se coló incluso en análisis que en apariencia no la necesitan: “Entre los remedios para los gases lacrimógenos —enjuagarse con agua fría, girar para que el viento dé en la cara— la orden de mantenerse calma suena como la más dura de poner en práctica”.Y en el análisis de las diferentes expresiones que se emplean para designar la acción por la cual las lágrimas caen de los ojos y ruedan por la cara: “En lo que respecta a las palabras, llorar es más ruidoso y sollozar es más húmedo”.Si “nuestra comprensión máxima de las lágrimas no proviene de las ciencias médicas y psicológicas sino de innumerables representaciones poéticas, ficticias, dramáticas y cinemáticas de la tendencia humana al lagrimeo”, como escribió Lutz, The Crying Book se suma a ese conjunto de explicaciones que ayudan más fácilmente a entender por qué lloran las personas y qué las hace usar la misma expresión para el duelo y la alegría, el orgullo y la derrota, el alivio y la frustración.MÁS SOBRE ESTE TEMA:Ni reír ni dormir: llorar una vez por semana, la clave para una vida libre de estrésClaves para desactivar los berrinches

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