opinión

¿Habrá empleo para todos en la Argentina de 2030?

Argentina atraviesa un proceso inédito de estabilización macroeconómica. La corrección de precios relativos, el orden fiscal y la normalización cambiaria y monetaria están sentando las bases de un equilibrio diferente, con nuevos ganadores y perdedores. En ese marco, el empleo emerge como el desafío más sensible.Los nuevos motores del crecimiento ya están claros: además del agro, la energía y la minería concentran el mayor potencial de expansión hacia 2030. Desde el punto de vista macroeconómico, el impacto es indiscutible. El complejo hidrocarburífero podría generar alrededor de USD 30.000 millones anuales de exportaciones hacia el final de la década. La minería podría sumar otros USD 15.000 millones. Así, se podría eludir la eterna y recurrente restricción externa al crecimiento argentino.Estos sectores comparten una característica estructural: generan pocos empleos directos por dólar producido. Son intensivos en capital y tecnología. La minería y el petróleo explican el 4% de la actividad económica con muy pocos empleos asalariados registrados directos. Mientras que el petróleo y la minería requieren alrededor de 3,5 empleos por millón de dólares de producto final, la industria manufacturera requiere casi 14 puestos.Mientras que el petróleo y la minería requieren alrededor de 3,5 empleos por millón de dólares de producto final, la industria manufacturera requiere casi 14 puestosPor lo tanto, los sectores que permiten resolver la histórica restricción externa no solucionan, por sí solos, la restricción laboral. Vaca Muerta, el litio, la plata y el cobre son necesarios, pero no suficientes para dotar de sustentabilidad al desarrollo económico argentino.A esta aproximación sectorial se suma una dimensión geográfica. Los proyectos energéticos y mineros emergentes se desarrollan en Neuquén, el NOA, Cuyo y la Patagonia, que en conjunto concentran apenas el 16% de la población nacional. El crecimiento ocurre lejos de donde vive la mayor parte de la población económicamente activa.El sector más expuesto en este nuevo equilibrio es la industria manufacturera, fundamentalmente orientada al mercado interno y, salvo excepciones, dependiente de cierta protección arancelaria, para-arancelaria y cambiaria para sostenerse. Con un tipo de cambio más apreciado, mayor apertura comercial y menos subsidios implícitos, los segmentos de baja competitividad internacional enfrentan un riesgo concreto de destrucción neta de empleo.El sector más expuesto en este nuevo equilibrio es la industria manufacturera, fundamentalmente orientada al mercado interno En los últimos años se produjo un apreciable desacople del sector petrolero y minero respecto del resto de la economía. Mientras que el petróleo y la minería crecieron un 16% desde 2023 (según una serie de tiempo estilizada), la industria se contrajo un 8,4% y la construcción cedió un 14,1%. Esta es una gran noticia desde la perspectiva del comercio exterior y la generación de divisas, pero no desde el empleo.En países que han pasado por una experiencia similar, suele observarse un proceso que no necesariamente elimina empleo agregado, pero sí lo traslada parcialmente desde el ámbito industrial al de servicios.En las economías desarrolladas, más del 65% del PBI se explica por el sector servicios. En Argentina ese indicador es del 53,7%, pero con muy alta informalidad y baja productividad. Aunque en los últimos trimestres la desocupación viene ajustándose a la baja, paralelamente la informalidad crece, evidenciando que el empleo que se crea es mayoritariamente informal (llegó al 43,3% en el tercer trimestre de 2025, un pico respecto de los últimos ocho trimestres).Los desafíos son múltiplesMinimizar la merma en el nivel de actividad de sectores industriales, apuntalando su competitividad mediante reformas y mejorando la profundidad financiera. Hay espacio para ello, considerando que a nivel global Argentina está a la cola en competitividad sistémica.Desarrollar o reconvertir las cadenas de valor industriales y de servicios, enfocándolas en el agro, gas y petróleo, y minería.Procurar que la transferencia de empleo ocurra hacia servicios formales, productivos y de calidad. La reforma laboral y los incentivos adecuados jugarán un rol central.Promover la capacitación en profesiones y oficios asociados a los sectores más dinámicos. El concepto de empleo está mutando hacia uno más amplio y estratégico: la empleabilidad. La capacidad de aprender, reconvertirse y transferir habilidades entre sectores será el verdadero capital de las personas hacia 2030.La política de desarrollo deberá contemplar no solo dónde invertir, sino cómo acompañar los procesos de adaptación personal y territorial que esos cambios generan. Cuando el empleo se genera lejos de donde vive la gente, no solo se tensiona la logística productiva, sino también los proyectos familiares, el arraigo comunitario y la cohesión social.Aun en el marco de una tendencia a liberalizar el tipo de cambio, evitar una excesiva y acelerada apreciación del peso. Es necesario generar mecanismos para impedir que el peso se encarezca de manera abrupta y destruya, a una velocidad indigerible, parte del entramado industrial y del empleo.Argentina parece estar resolviendo, por primera vez en décadas, su restricción externa. El desafío hacia 2030 es no crear una nueva restricción: la del empleo de calidad. Una economía puede ser más estable, exportadora y macroeconómicamente viable, pero si no genera trabajo suficiente y digno, no será sostenible ni deseable.Una economía verdaderamente sostenible no es la que solo crece, sino la que incluye, transforma y honra a las personas que la hacen posible. El verdadero diferencial estará en transformar crecimiento en empleabilidad. El empleo no solo se crea o se pierde: se transformaEl verdadero diferencial estará en transformar crecimiento en empleabilidad. El empleo no solo se crea o se pierde: se transforma. Acompañar esa transición con liderazgo, aprendizaje continuo y desarrollo de capacidades humanas será clave para que la estabilidad macroeconómica se traduzca en un futuro real para las personas.Los autores son economistas, directores de VDC Consultora

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