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	<title>ideas Archives - Informador</title>
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		<title>El Tour de Massa: ¿líder de equipo o gregario de Cristina?</title>
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		<pubDate>Sat, 15 Jul 2023 00:15:29 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>escucharescucharLas mañanas argentinas de julio regalan un espectáculo deportivo extraordinario que por razones laborales pocos pueden disfrutar: el Tour de Francia.Detrás de esa caravana de ciclistas que circulan en estos días por caminos franceses se esconden complejas estrategias que los distintos equipos en competencia despliegan con la obsesión de llegar a París al frente de la clasificación general.Sergio Massa podría mirarse en ese espejo rodante para descubrir cuál es su verdadero papel en la carrera por el poder.&#8221;El plan de cada etapa, como el diseño de la carrera, no es asunto de ese corredor protegido por sus compañeros, sino del director del equipo, el verdadero jefe&#8221; Es de rigor en el Tour, como en todas las grandes competencias de ruta, que cada equipo tenga un líder para el que trabaja el resto de los corredores del team, a los que en la jerga del ciclismo se llama “gregarios”. Son auténticos soldados que, obligados a la obediencia incondicional, deben quemar todas sus energías en cuidar al jefe de línea de los ataques, preservarlo del viento, ahorrarle esfuerzo y guiarlo hasta el momento en que el número uno pueda demostrar el verdadero peso de su presencia individual.El plan de cada etapa, como el diseño de la carrera, no es asunto de ese corredor protegido por sus compañeros, sino del director del equipo, el verdadero jefe.Massa, a la vez candidato y ministro de Economía, fue consagrado jefe de fila de un equipo que conoció mejores tiempos, sobre la misma largada de la competencia con una directora, Cristina Kirchner, que viene de fracasar en sus últimas apuestas presidenciales.Daniel Scioli no pudo extender la hegemonía abierta tres turnos presidenciales atrás, y en el segundo caso que todavía perdura, Alberto Fernández resultó tanto un corredor indisciplinado como carente de las condiciones para ocupar el puesto. El resultado es un fracaso tan indisimulable que pone al peronismo-kirchnerismo frente a un descenso de categoría que hace temer por la posibilidad de pelear por el poder.Cristina hasta llegó a hablar en público de una competencia de tres tercios para no decir directamente que temía conducir a los suyos a un inédito tercer lugar en las elecciones. Exageró, tan melodramática ella; hoy parece igualmente difícil que baje del segundo lugar como que pueda aspirar seriamente al primero.La jefa del equipo había pensado en el ascenso de uno de sus juveniles –una licencia de quien escribe tratándose de cuarentones con una vida hecha–, al que con dudoso romanticismo había caracterizado como hijo de la “generación diezmada”. La vicepresidenta persiste en levantar altares mientras banaliza los recuerdos y objetos de un pasado que requiere una lectura más profunda y completa para no caer en injusticias.&#8221;Massa arrancó entre la desconfianza de los velocistas incondicionales de Cristina, que sin embargo no perdieron el tiempo en lamentaciones&#8221; En eso estaba hace tres semanas cuando le avisaron que la fórmula presidencial que estaba poniendo en la cancha era más resistida que aclamada. La decisión de una descendencia privilegiada, más propia de una monarquía que de una líder que se pretende revolucionaria, quedó para mejor oportunidad. Fue así como, resignada, asumió que su corredor estrella sería un antiguo neoliberal de la Ucedé que escaló con esa ambigüedad ideológica que tan bien calza en el peronismo.Massa arrancó entre la desconfianza de los velocistas incondicionales de Cristina, que sin embargo no perdieron el tiempo en lamentaciones. Saben que no tienen a otro. El coro de gobernadores actuó una aceptación que hace tiempo descontó una derrota: salvo Entre Ríos y Catamarca, y las propiamente kirchneristas Buenos Aires y Santa Cruz, el resto de las provincias peronistas despegaron sus elecciones del calendario nacional. Aun así, ya perdieron dos piezas, San Luis y San Juan, y es altamente probable que también resignen la estratégica Santa Fe.El equipo de Cristina, que tiene como corredor estrella a Massa, está dividido en dos partes: los que se las arreglaron por su cuenta y los que siguen las órdenes de la jefa para una retirada lo menos costosa posible. Esta última consiste en tratar de retener la provincia de Buenos Aires y sostener una oposición dura en el Congreso y en las calles.Massa reparte expectativas válidas para quienes aceptan creer que hace magia y no quieran ver sus trucos. En los últimos días hizo kirchnerismo “on the record” y anticamporismo “off the record”. El actual ministro de Economía es más creíble cuando promete ser él mismo el nuevo jefe del peronismo, en tanto esa pretensión atiende no solo a su personalidad, sino también a la historia de la verticalidad del PJ.Cristina insiste en delegar los cargos con la pretensión de mantener el poder. Es por eso que avisó con especial énfasis y en público que su preferido era Wado de Pedro. En una palabra, cree que no ganaría ni siendo candidata ella misma y que de Massa espera que lleve a sus listas legislativas lo más arriba posible.Dicho en términos ciclísticos: Cristina aceptó a Massa como su jefe de fila, pero en realidad pretende que sea su gregario hasta agotarlo en sus posibilidades, en beneficio de la preservación del equipo en crisis que ella lidera.En plan candidato, Massa no solo se desdobla en palabras. El ministro queda bien con la tribuna de su supuesta jefa hablando en contra del Fondo Monetario y al mismo tiempo cumple con los ajustes tarifarios acordados y encamina el cierre de un acuerdo que limita la inquietante sequía de dólares en el Banco Central.El Massa candidato no oculta, tampoco, el perfil más brusco de un estilo que incluye beneficios y castigos en el viejo sistema prebendario que divide a los empresarios entre amigos y enemigos. Nadie podrá sorprenderse con el estilo y el comportamiento si al final de la carrera Massa resulta presidente. Hoy por hoy, en todo caso, lo sorprendente sería que lo consiga. Pero, se sabe, las carreras hay que correrlas.Sergio SuppoTemasCristina KirchnerSergio MassaConforme a  los criterios deConocé The Trust ProjectOtras noticias de Cristina KirchnerAnálisis. Las dos batallas cruciales de la campañaFracasó la sesión en el Senado. En la Cámara de Casación dan por sentada la salida de la jueza Figueroa y que el caso Hotesur se votará en agostoSenado. Cristina Kirchner juega a fondo para evitar la jubilación de la jueza Ana María Figueroa</p>
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		<title>“Fullero”, el hijo no deseado del kirchnerismo</title>
		<link>https://informador.news/2023/06/30/fullero-el-hijo-no-deseado-del-kirchnerismo/</link>
		
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		<pubDate>Sat, 01 Jul 2023 00:15:34 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>escucharescucharSergio Massa llegó al peronismo, se fue y volvió siempre por la misma razón: hacer realidad esa idea fija de ser presidente. Cuando lo intentó desde afuera salió tercero; ahora, que por fin correrá como primer piloto del equipo oficial, arrancará la carrera en la dirección contraria hacia la que escapa su partido. Unos van a refugiarse en lugares seguros; él y sus ambiciones se largan en contra del pesimismo que cruza al peronismo, desde los gobernadores hasta el kirchnerismo de los cristinistas.&#8221;Con el exintendente de Tigre se cerró el círculo de los presidenciables que disputarán el poder bajo la creencia de que todos ellos son promercado&#8221; La candidatura presidencial fue saludada con más entusiasmo fuera que dentro de su partido. El aumento, luego corregido por los mercados en los que cotizan acciones de empresas argentinas (que sin embargo han perdido al menos la mitad de su valor), fue seguido por muestras expresivas de alivio de empresarios locales y hasta de festejos en el núcleo de ejecutivos que siempre esperaron mucho de sus relaciones con Sergio Massa.Con el exintendente de Tigre se cerró el círculo de los presidenciables que disputarán el poder bajo la creencia de que todos ellos son promercado. Una definición un poco difusa que oculta más de lo que insinúa en un país en el que nunca termina de saberse a qué sectores de la economía y en nombre de qué empresarios el Estado habilitará los beneficios de una versión recortada del capitalismo. Sigue siendo una ilusión próxima a la utopía que el Estado habilite un juego de posibilidades sin prebendas para los circunstanciales amigos del poder.&#8221;Con la misma intención con la que Mauricio Macri lo apodó “Ventajita”, la vicepresidenta describió a Massa como “fullero”&#8221; Recién llegado al barrio en el que se pelean Patricia Bullrich, Horacio Rodríguez Larreta y Javier Milei, Massa viene de ser despedido por Cristina Kirchner con una explícita muestra de desapego. “Mi candidato era Wado”, le dijo a su tribuna en un acto convocado para presentar el avión usado para los vuelos de la muerte, pero convertido en una exhibición de desprecio al candidato que había aceptado apenas tres días antes. Esa escena fue, por si no bastara, otra absurda mezcla del uso partidario que hace el kirchnerismo de una tragedia argentina con chicanas internas.Con la misma intención con la que Mauricio Macri lo apodó “Ventajita”, la vicepresidenta describió a Massa como “fullero”, una palabra de otras épocas que obligó a algunos a consultar el diccionario para encontrar que se denomina así a quien tiene habilidad para hacer trampas y engañar.Massa es el candidato de un peronismo en fuga que anticipa su división en caso de que no logre la dificilísima misión que obtuvo por sus ganas de ser presidente. El ministro emergió entre los que no querían ser porque temen perder y los que no podían ser por falta de rating. Tiene muchas cosas en contra. Para empezar, el fallido gobierno que integra, que aumentó en cinco millones el número de pobres y multiplicó por tres la inflación, sin contar el descontrolado aumento de la delincuencia y el narcotráfico. Es complicado ser representante de un fracaso y, todavía más difícil, postularse siendo el responsable de la última etapa de ese descalabro. Massa tendrá un año como ministro de Economía cuando se someta a las elecciones primarias del 13 de agosto. Había llegado para parar la desconfianza, luego de la efímera Silvina Batakis y del rompimiento definitivo de Cristina con Martín Guzmán, que la primereó con un sonoro portazo. Llegó al ministerio con la convicción de que era su única posibilidad de lograr la candidatura presidencial luego de recuperar la economía. Acertó en lo primero, pero se equivocó mal con lo segundo.Massa es el hijo no deseado del fracaso de Cristina, en particular, y del experimento del peronismo reunificado, en general. El peronismo destruyó la más elemental lógica de selección cuando se hizo inverosímil lo natural: que el presidente en funciones aspire a su reelección. Mayor señal de un abismo político no hay.Si se registra que la reunificación incluye la anomalía de que el liderazgo está en manos de quien no ocupa la presidencia, la otra alternativa lógica era que Cristina uniera jefatura con candidatura. Pero ella inventó que está proscripta para ocultar que eludirá las urnas ante la posibilidad de ser derrotada.Hay otro dato obvio que el kirchnerismo pretende eludir: ya son 20 años; todo huele a nostalgia y recuerdos.Como toda líder populista que se precie, Cristina acaba de comprobar que su descendencia política está atada al destino de su sombra. Máximo Kirchner, su heredero, maneja con crecientes dificultades una estructura que era juvenil cuando todos sus dirigentes vivían peor. Axel Kicillof debió plantarse para que no lo empujaran a ser candidato a presidente y terminó como pieza clave de la retirada hacia el bastión a defender, el gobierno bonaerense. Al reivindicar a Wado De Pedro, hubo el lunes en Aeroparque un implícito reproche a la supuesta desobediencia de Axel. El ministro del Interior fue promocionado durante meses, acercado a empresarios y encuentros rurales, entrevistado amablemente en distintos canales, y nada. El efímero rival de Wado, Daniel Scioli, aportó una cuota pintoresca que nadie tomó en serio.Detrás de todas esas declinaciones apareció Massa. Tiene como carta de presentación un acuerdo con el FMI, justo lo que escandaliza a los revolucionarios de Puerto Madero.El ministro tiene, sin embargo, una oportunidad cierta y concreta. La competencia que enfrenta puede volverlo más importante y darle chances. La competencia entre Rodríguez Larreta y Bullrich entra en su etapa final, sin que pueda saberse si usarán sus recursos para destruirse mutuamente o para legitimarse como opción de poder. No solo el oficialismo está dividido; Juntos por el Cambio abre otra vez la hipótesis de una fractura en la principal fuerza opositora. Massa tiene mucha fe en que Bullrich, Larreta y Milei lo ayuden a ser presidente.Sergio SuppoConforme a  los criterios deConocé The Trust Project</p>
<p><a href="https://www.lanacion.com.ar/ideas/fullero-el-hijo-no-deseado-del-kirchnerismo-nid30062023/" nofollow>Fuente</a></p>
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		<title>El no lugar de la Argentina en el mundo</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Jun 2023 00:15:45 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>escucharescucharUn viejo avión convertido en nueva nave presidencial vuela hasta China en su primer viaje con colores y matrícula argentinos. No está a bordo su [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>escucharescucharUn viejo avión convertido en nueva nave presidencial vuela hasta China en su primer viaje con colores y matrícula argentinos. No está a bordo su pasajero natural, Alberto Fernández, que en simultáneo partió a Brasil para una tardía refundación de la amistad con el autócrata de Venezuela. Sergio Massa hizo como si fuese el presidente al frente de una comitiva en la que por primera vez viajó al exterior en una función (supuestamente) oficial el diputado Máximo Kirchner.&#8221;Nunca termina de saberse si la Argentina tiene amigos o intereses permanentes o ninguna de ambas cosas&#8221; En esos viajes podría resumirse una dolorosa ausencia: la Argentina es un país sin política exterior. En su lugar existen intentos inconexos, esfuerzos interrumpidos, incoherencias, negocios personales, políticas maniqueas que responden a la visión en blanco y negro de ser amigos de los supuestos enemigos de los Estados Unidos. El mundo nunca termina de establecer dónde está parada la Argentina, cuál es su posición en temas de trascendencia global; tampoco es posible determinar cuáles son con exactitud los intereses que defiende en forma permanente.A contramano del célebre mandato de lord Palmerston, nunca termina de saberse si la Argentina tiene amigos o intereses permanentes o ninguna de ambas cosas. El primer ministro victoriano dejó para la diplomacia una enseñanza básica cuando, sin eufemismos, dijo sobre el rumbo de las relaciones exteriores de la corona británica: “No tenemos aliados eternos, y no tenemos enemigos perpetuos. Nuestros intereses son eternos y perpetuos, y nuestra obligación es vigilarlos”.&#8221;El Gobierno ha sumado sus fracturas internas a sus acciones con el resto del mundo&#8221; A la falta de política exterior, el Gobierno ha sumado sus fracturas internas a sus acciones con el resto del mundo. La Cancillería está dibujada, muy a tono con el peso político devaluado del Presidente y por traslación de su ministro Santiago Cafiero.Mientras algunos embajadores actúan según los mensajes del Instituto Patria, o la vicepresidenta publicita sus reuniones con visitantes extranjeros, el ministro de Economía, Sergio Massa, viaja por el mundo pidiendo divisas y negociando más plazos para pagarle al Fondo Monetario Internacional.Los alardes del ministro de sus buenos vínculos con los Estados Unidos y con el mundo financiero chocan con el discurso de la vicepresidenta en contra del FMI. Es así como, desde un mismo gobierno y al mismo tiempo, le piden al organismo una renegociación y el envío de varios miles de millones de dólares para poder finalizar el mandato a la vez que condenan al Fondo y despotrican en contra de sus funcionarios.&#8221;La Argentina rompió su vínculo con los Estados Unidos, enfrió su relación con Europa y se abrazó a las autocracias de Venezuela y Cuba&#8221; En el discurso oficialista hay un permanente intento de confundir al país con sus gobiernos circunstanciales. Se busca así licuar responsabilidades que derivan siempre de lo mismo: la Argentina hace al menos seis décadas que gasta mucho más de lo que le ingresa, se endeuda, incumple los pagos, luego se recupera, refinancia, vuelve a pagar, y otra vez vuelve a tomar créditos.Cristina Kirchner suele hacer notar que ella y su esposo pagaron más de lo que se endeudaron en el exterior. Es una buena manera de esconder las culpas del kirchnerismo respecto del endeudamiento interno y de la emisión descontrolada una vez que el mundo financiero privado dejó de prestarle dólares a la Argentina.El matrimonio Kirchner es un buen ejemplo de cómo en nombre de una circunstancia pasajera se puede cometer la torpeza de quebrar viejos vínculos para darse gustos ideológicos que, luego se sabría, también estaban muy bien condimentados por valijas voladoras.Dos décadas atrás, la Argentina rompió su vínculo con los Estados Unidos, enfrió su relación con Europa y se abrazó a las autocracias de Venezuela y Cuba. “Campeón” de los derechos humanos en la Argentina, el kirchnerismo justificó y defendió en cuanto foro internacional pudo a regímenes que hacen de las torturas, desapariciones y del unicato partidario su metodología de acción en nombre de revoluciones que nunca terminan de derramar sus supuestos beneficios.Los negocios mezclados con el infantilismo ideológico pusieron en riesgo a millones de argentinos inoculados tardíamente con vacunas rusas que todavía hoy no son reconocidas por el resto del mundo, a la vez que desecharon un acuerdo para tener las dosis acordadas con laboratorios norteamericanos autorizados a realizar pruebas de sus productos en argentinos.El seudosocialismo de los gobiernos kirchneristas fue interrumpido por apenas cuatro años del gobierno de Mauricio Macri. El presidente de Cambiemos usó y abusó de su relacionamiento personal para reintroducir a la Argentina entre sus históricos socios, en un ejemplo criollo de lo que se suele llamar “diplomacia de presidentes”.Macri creyó que los líderes mundiales lo trataban bien por su carisma más que por el interés en encontrar un buen socio comercial que abandonaba la cerrazón del ideologismo kirchnerista.Estados Unidos habilitó a Macri para el desmesurado crédito que el FMI le otorgó a la Argentina por la misma razón que ahora atiende a Massa en sus ruegos: el costo de otra caída en desgracia del país es más alto que tolerar los repetidos pedidos de socorro de los sucesivos gobiernos.El cordial reencuentro de Alberto Fernández con el dictador Nicolás Maduro incluye el presagio de lo efímero y forma parte de una serie de disparates aún más costosos, como haber congelado las relaciones con Brasil solo porque estaba gobernado por un presidente en las antípodas del arco ideológico: el antecesor de Lula, Jair Bolsonaro.Una vez más, en nombre de una supuesta amistad con Lula, el país cruza el puente para proteger a Maduro. Ocurrió mientras el presidente brasileño comunicaba que nada pueden esperar los argentinos de los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en materia de ayuda financiera. El presidente de Brasil retoma su intento de liderar a la región y empezó por acumular incondicionales. El precio que paga la Argentina es quedar pegada a los violadores de derechos humanos a cambio de nada.Sergio SuppoConforme a  los criterios deConocé The Trust Project</p>
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		<title>Manuel Puig, al alcance de nuevos lectores y a la luz de otras miradas</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Nov 2022 03:15:53 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>escucharescucharRenovador de la técnica novelística, sin prejuicios a la hora de experimentar con géneros discursivos como el folletín, el chisme y el melodrama, detective de [&#8230;]</p>
<p>The post <a href="https://informador.news/2022/11/06/manuel-puig-al-alcance-de-nuevos-lectores-y-a-la-luz-de-otras-miradas/">Manuel Puig, al alcance de nuevos lectores y a la luz de otras miradas</a> appeared first on <a href="https://informador.news">Informador</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>escucharescucharRenovador de la técnica novelística, sin prejuicios a la hora de experimentar con géneros discursivos como el folletín, el chisme y el melodrama, detective de matices verbales tan singulares como atípicos en una época dominada por una narrativa “abrumadora y ásperamente masculina” (como señala el escritor español Antonio Muñoz Molina), Manuel Puig (1932-1990) recupera el centro de la escena literaria a noventa años de su nacimiento.Manuel Puig publicó ocho novelasUlf Andersen &#8211; Hulton ArchiveEl autor que rebautizó su General Villegas natal en La traición de Rita Hayworth (1968), su primera novela, y que alcanzó la popularidad con Boquitas pintadas (1969), llevada al cine (su gran amor) por Leopoldo Torre Nilsson, debió huir de la Argentina perseguido por una insólita campaña de moralidad impulsada por el gobierno peronista después de la publicación de la truculenta The Buenos Aires Affair (1973). Puig continuó su obra en el exilio, primero en Ciudad de México, donde en pocos meses conoció a escritores como Elena Poniatowska y Juan Rulfo, y luego en Nueva York y Río de Janeiro, donde se ambientan sus dos últimas novelas: Sangre de amor correspondido (1982) y la magistral Cae la noche tropical (1988). Con El beso de la mujer araña (1976) había ganado fama internacional: la historia de amor entre un preso político y un gay acusado de corrupción de menores se tradujo a varios idiomas, fue adaptada al cine por Héctor Babenco y llegó a Broadway como comedia musical.Para homenajear al más pop de los escritores argentinos, el sello español Seix Barral decidió este año reeditar las ocho novelas de Puig, con unas portadas “retrofuturistas” y prólogos de escritores hispanoamericanos, entre los que figuran los españoles Antonio Muñoz Molina y María Dueñas; la chilena Paulina Flores y Claudia Piñeiro, Tamara Tenenbaum y Camila Sosa Villada. Al mismo tiempo que sorprenden algunas ausencias en la lista de prologuistas –no fueron convocados Graciela Goldchluk (a cargo del archivo de manuscritos de Puig), Alan Pauls, Graciela Speranza, Daniel Molina, José Amícola o Daniel Link–, ciertos pasajes kitsch de los textos publicados parecen haber sido dictados por personajes de Puig. También hay confusiones, como la de Muñoz Molina al afirmar que Boquitas pintadas resultó finalista del Concurso Biblioteca Breve en 1965, cuando en verdad Puig había presentado La traición de Rita Hayworth, sobre la que Mario Vargas Llosa (integrante del jurado) sentenció que parecía escrita por Corín Tellado.“El criterio fue recoger una amplia representación de escritores de diferentes generaciones, tradiciones y países, que permitiera reflejar que Manuel Puig es hoy un escritor universal y al que es posible abordar desde una multitud de lugares y puntos de vista –dice Jesús Rocamora Holgado, editor de Seix Barral en España–. De ahí que textos de autores consagrados como Antonio Muñoz Molina, María Dueñas o Claudia Piñeiro, fruto de la sosegada relectura de sus novelas medio siglo después de haber sido publicadas, puedan dialogar con las reflexiones de esa nueva generación de escritoras a la que pertenecen Tamara Tenenbaum y Paulina Flores, tan marcada por la hibridación, las nuevas tecnologías y la definitiva desaparición de las fronteras entre alta y baja cultura”.Otras miradas están centradas en aspectos sociopolíticos, que Puig padeció. “Como la de Mario Mendoza, que se complementa a la perfección con las de escritores que, a través de su experiencia, han registrado recientemente la realidad LGTBI+ en sus propias obras, como Camila Sosa Villada o Bob Pop –agrega el editor–. Tienen algo en común: aceptaron al minuto, sin dudar, la invitación de participar en el proyecto como grandes amantes de la obra de Puig que son”. En las librerías argentinas ya se pueden encontrar cinco de las ocho reediciones.Todos los prologuistas coinciden en la contemporaneidad de Puig por su estilo brillante, sus temáticas osadas, su humor y misterio. En el prólogo a The Buenos Aires Affair, el colombiano Mario Mendoza ilumina un vector algo olvidado en los rescates de la obra del escritor argentino: “La literatura de Puig nos advierte que la obediencia al establishment no es una virtud, sino muy defecto muy grave. La mansedumbre incrementa la conformidad brutal, anula la alteridad, la solidaridad, la fraternidad, es decir, los grandes valores de la modernidad”.“Sin miedo a ser tachado de frívolo o superfluo. Con libertad y desparpajo”, Puig convirtió “la pequeña historia de unos cuantos infelices en una obra magnífica”, dice María Dueñas en el prólogo de esa fábula de amor imposible, Boquitas pintadas.Daniel GigenaConforme a  los criterios deConocé The Trust Project</p>
<p><a href="https://www.lanacion.com.ar/ideas/manuel-puig-al-alcance-de-nuevos-lectores-y-a-la-luz-de-otras-miradas-nid05112022/" nofollow>Fuente</a></p>
<p>The post <a href="https://informador.news/2022/11/06/manuel-puig-al-alcance-de-nuevos-lectores-y-a-la-luz-de-otras-miradas/">Manuel Puig, al alcance de nuevos lectores y a la luz de otras miradas</a> appeared first on <a href="https://informador.news">Informador</a>.</p>
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		<title>La independencia imaginaria de Alberto Fernández</title>
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		<pubDate>Sat, 29 Oct 2022 13:16:24 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>escucharescucharAlberto Fernández aparenta vivir una primavera política. Sueña despierto con una candidatura a la reelección, sobreactúa autonomía con retoques en los márgenes intrascendentes de su gabinete y vende logros imaginarios de su política económica en un país devastado por la inflación.Tres años tarde, agarrado del estribo, el Presidente se rebela a su manera contra el estereotipo de líder sumiso, ineficiente y sin poder de decisión que su propia inventora, Cristina Kirchner, se encargó de alimentar cada vez que pudo. Es un grito de independencia imaginario, sostenido en la convicción de que su propia debilidad inhibirá de actuar contra él a aquellos de quienes amaga liberarse.Cristina y su hijo Máximo no consideran a Fernández un adversario sino un obstáculo. La tozudez con que anunció esta semana su proyecto de ser candidato en unas primarias del Frente de Todos causó irritación en el kirchnerismo duro, que está convencido de que se deben eliminar las PASO y unificar la toma de decisiones. Con un objetivo excluyente: rescatar la mayor cuota de poder posible en 2023 para impedir un resurgimiento liberal en la Argentina.Es “medio raro” que un presidente compita en unas PASO, sentenció Máximo Kirchner esta semana. No encontró palabras sino gestos con sus manos para demostrar su incomodidad con el hombre elegido por su madre hace tres años para ocupar el sillón de Rivadavia. Esa falta de recursos expresivos esconde una angustia mayor: la carencia de un candidato competitivo con quien bloquear la pretensión de Fernández.Esa es la llaga en la que mete el dedo el Presidente cuando, en pleno descalabro de precios y ante una sociedad cargada de enojo, se propone coquetear con proyectos electorales grandilocuentes.Él sabe que Cristina Kirchner no se somete a internas. La Cámpora amasó influencia y manejo de fondos, pero jamás rompió el cordón umbilical. El único ensayo de un candidato nacional es el ministro Wado de Pedro, que aprovecha cada operativo de instalación que le arman para decir que no quiere ser presidente. “Siempre menos”, suele responder cuando le preguntan por los cargos a los que aspira. Los gobernadores cristinistas piensan en retener sus territorios, y los sindicalistas K digieren con dificultad el ajuste actual mientras se entrenan para salir con todo a la calle por si viene el ajuste macrista.Máximo Kirchner inauguró la gira por el programa radial de Roberto Navarro, el martes; el set fue una suerte de confesionario del oficialismoCaptura de videoAlberto Fernández fue el miércoles a responderle a MáximoGentileza El Destape Sin Fin2022-10-27 &#8211; 10:00:00 hs.</p>
<p>FDT-DE PEDRO</p>
<p>El ministro de Interior, Eduardo de Pedro, enfatizó el jueves en la línea marcada por el jefe de La CámporaPrensa EL DESTAPEPor primera vez en mucho tiempo el peronismo es una estructura de poder sin candidatos. La enfermedad que, en otra escala, aquejó durante décadas al radicalismo.Los números de Alberto Fernández son paupérrimos, se mire la encuesta que se mire. Pero, perdido por perdido, encuentra en el proyecto reeleccionista una forma de hacerse notar en el año que le queda hasta la definición del próximo presidente. Quizás hay también una ligera sensación de venganza hacia Cristina y el desgaste al que lo sometió, sin piedad, desde la derrota en las PASO de septiembre 2021.Suelto de cuerpo, dice que en su gobierno no se les pidió coimas a los empresarios, lo que lleva a la inevitable comparación con las denuncias judiciales que enfrenta Cristina Kirchner. Se opone fervorosamente a medidas que pide el kirchnerismo, como un aumento salarial de suma fija (rechazado por sus amigos de la CGT, cuyo poder se mide en las paritarias). Describe una situación de crecimiento sostenido de la economía que contrasta con el retrato dramático que hacen los muchachos de La Cámpora. Donde él ve “un vaso medio lleno”, sus rivales internos descubren una montaña de vidrios rotos.El papel de MassaEl ministro de Economía, Sergio Massa, festeja la aprobación del presupuesto 2023Cristina se propuso desnudar la ficción de este Alberto renacido después de tres años de ineficiencia administrativa y sumisión inmovilizante. De Pedro, nada menos que el ministro del Interior de este gobierno, expuso con precisa frialdad cómo la vicepresidenta y el ministro de Economía, Sergio Massa, están trabajando en medidas para apaciguar los efectos de la inflación en los salarios. No mencionó al Presidente en la línea de las decisiones. Se permitió incluso presionarlo por radio para que elimine las PASO. Gobierno del revés, en el que los ministros aprietan en público al Presidente sin sufrir consecuencia alguna.Máximo Kirchner también destaca el papel de Massa, sin que eso detenga su insistente clamor contra el programa con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que el ministro administra aplicadamente. “Es una consecuencia de lo que hizo Martín Guzmán”, consiente el hijo de Cristina para exculpar a su aliado.Tuvo incluso la delicadeza de bajar a votar favorablemente el presupuesto 2023, que refleja las metas pactadas en Washington. Lo hizo después del gesto tribunero de no aparecer en el recinto durante las casi 20 horas de debate. Pasa del oficialismo a la oposición como quien juega con máscaras griegas. Su madre también se permite condenar en público medidas del gobierno desde una imaginaria vereda de enfrente y sin asumir responsabilidad por esa arcilla que moldearon sus manos.Cristina se queja de las medidas que no pasan por su despacho, pero paga con silencio permisivo las que los funcionarios se empeñan en negociar con ella. Massa se mueve con esa premisa que desmiente de manera terminante el afán independentista de Fernández. Los recortes de partidas que contempla el presupuesto, así como las altas dosis de endeudamiento previsto para el año que viene, contaron con el sello de la vicepresidenta. El ministro tiene vía libre para aplicar la ortodoxia con la que el kirchnerismo no quiere mancharse la ropa.El reparto de funciones que definió la vicepresidenta en esta temporada agónica del Frente de Todos es claro: Massa debe conseguir dólares y hacer los ajustes necesarios para no descarrilar; Máximo se reserva la voz de la rebeldía y el reclamo de ayuda estatal a los desfavorecidos; a Alberto Fernández le toca asumir las culpas por el fracaso.El Presidente se levanta contra ese destino magro. Sabe que Cristina no puede forzar otra crisis como la que tumbó a Guzmán y que después consumió como un hielo en agua tibia a su primera sucesora, Silvina Batakis. Massa le hace el trabajo sucio de buscar los equilibrios internos. Y en el tiempo libre él puede dedicarse a construir una utopía electoral.Quienes lo alientan son los gordos de la CGT y el Movimiento Evita. Es el albertismo de la resignación. No encuentran otro vehículo para desafiar la hegemonía kirchnerista en el peronismo que amenaza severamente su subsistencia. No piensan en retener el gobierno sino en rescatar jirones del poder subsiguiente. Se resisten a eliminar las PASO, la herramienta electoral que ven como único antídoto al dedazo de Cristina. Alberto les jura que tiene 12 diputados que harán todo lo posible para que se mantengan las primarias si se activara la ofensiva camporista en el Congreso. Creer o reventar.Romper todoReservada, Cristina Kirchner solo se mostró esta semana en una reunión con el funcionario de la Unión Europea (UE) Josep BorrellEn la trinchera contraria, Máximo Kirchner ha sugerido en reuniones reservadas que si el Presidente intenta la reelección “tendrá que hacerlo solo”. Va en línea con los mohines que hizo esta semana en una entrevista cuando le preguntaron por los sueños de Alberto. Traduce uno de sus laderos: “Cristina es la que conduce. No se va a someter al capricho de Alberto. Si es necesario se armará un frente nuevo con quienes respetan su liderazgo”.A Fernández lo conciben como un instrumento político que funcionó para ganar y se fundió en el gobierno. En 2019, su éxito consistió en ocultar a Cristina, bajo la promesa de un peronismo sin rencores, enfocado en el futuro y dispuesto a archivar los rasgos conflictivos del pasado. El fiasco posterior se explica en la incapacidad tanto de construir algo nuevo como de recostarse en lo viejo.Víctima de su criatura, la vicepresidenta mantiene el pasado como único activo por exhibir ante aquellos que la siguen. No le alcanza para ganar. No tiene a mano un delfín apreciado por la sociedad. Desconfía Massa, que se percibe “el plomero del Titanic” y va por la vida diciendo que 2023 no será su momento. Y para colmo le espera la temporada alta de definiciones judiciales, con una posible condena de corrupción al final del camino.Le queda repetir la gimnasia conocida. Decidir sola sin el incordio de unas elecciones internas e inventar al próximo Alberto. Si no le sirve para ganar, que al menos le permita retener el control del peronismo y planificar una nueva fase de resistencia revolucionaria. Seguro que contra un neoliberal será menos ingrato.Martín Rodríguez YebraTemasPolíticaOpiniónAlberto FernándezFrente de TodosConforme a  los criterios deConocé The Trust ProjectOtras noticias de Alberto FernándezTensión interna. Fernández se mostró con Vizzotti tras las críticas de Cristina por el aumento de las prepagasCon Novaresio. “Grabois es militante de Cambiemos”, &#8220;Todos odian a La Cámpora&#8221; y otras frases de Facundo MoyanoAnálisis. Razones oficialistas para pasar de las PASO</p>
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		<title>Pablo Gerchunoff: “Alfonsín es democracia liberal con justicia social, y hoy se necesita algo parecido”</title>
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		<pubDate>Sat, 08 Oct 2022 05:15:51 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En su extensa trayectoria como historiador y economista ha escrito varios libros, pero se intuye que este no es uno más. Que no ha sido tarea fácil. Ahora Pablo Gerchunoff tiene en sus manos El planisferio invertido (Edhasa), un ensayo biográfico sobre Raúl Alfonsín que le demandó cinco años de trabajo. Alfonsín fue el político que lo conmovió y lo entusiasmó como ningún otro. “Soy alfonsinista, no radical”, ha dicho más de una vez.Hasta que Alfonsín irrumpió en el paisaje político con la fuerza de un huracán, a Gerchunoff la democracia le importaba muy poco, dijo en La moneda en el aire, el libro de conversaciones con Roy Hora. En su horizonte y en sus obsesiones solo estaban el desarrollo y la transformación económica. Hasta que apareció aquel hombre de Chascomús que puso en palabras una idea de democracia, recitó el preámbulo de la Constitución y lo sacudió. Hasta que sintió que ese hombre le hablaba a él.El libro es una travesía fascinante que va desde el principio de los tiempos del expresidente hasta el momento final, a través de las distintas etapas de una vida marcada por el vértigo personal y político: su infancia y el rol de su madre, sus años en el Liceo militar y su familiaridad con ese universo con el que después tuvo que confrontar, la construcción de un liderazgo que lo catapultó a la Casa Rosada sin haber desempeñado nunca un cargo ejecutivo, el campo minado sobre el que intentó hacer pie durante la transición democrática y su papel posterior en el ajedrez político de la Argentina.&#8221;Alfonsín era un hombre con un entrenamiento político de 38 años, pero con una total inexperiencia de lo que quiere decir gobernar&#8221; Por esa cercanía afectiva con el personaje, Gerchunoff redobló las alertas durante la investigación y la escritura. “Teniendo en cuenta que su figura es cada vez más admirada en la opinión pública, me impuse a mí mismo una tarea: si Alfonsín es un prócer, veamos sus claros, pero también sus oscuros, sus fracasos, sus errores y dilemas. Y las tensiones que eso le generaba”.Raúl Alfonsín en su asunción presidencial. Recibe el bastón de Reynaldo Bignone el 10 de diciembre de 1983apNo buscó justificar, sino comprender, dice Gerchunoff, que participó de la gestión alfonsinista cerca de uno de sus ministros de Economía, Juan Vital Sourrouille.“Su eje es democracia liberal y justicia social. Pero al perder la batalla económica, toda la política de Alfonsín es una política defensiva. Sin ese soporte, se queda con una narrativa renga. Y como política defensiva no está en condiciones de plantear ampliación de derechos. Eso fue una cosa muy amarga para él”, explica Gerchunoff.En el libro, el historiador se anima a formularse a sí mismo una pregunta abismal. “Me pregunto si un gobierno conservador que hubiera dado por buena la autoamnistía de los militares y hubiera acordado con los sindicatos, hablo de [Ítalo] Luder, no hubiera tenido una oportunidad mayor de estabilizar la economía. Esa pregunta, para un alfonsinista como yo, que además participó de la gestión económica, es una pregunta terrible”.Un planisferio invertido fue el regalo que le hizo a Alfonsín su edecán naval Joaquín Stella y que el ex presidente colgó en su escritorio: en esa cartografía al revés, el norte está en el sur, el sur en el norte y la Argentina, en el centro del mundo. Para Gerchunoff, ese objeto que da título al libro condensa la voluntad política de quien, con fallos, aspiró “a cambiarlo todo” y a dar vuelta el mapa institucional de la Argentina.–¿Cree que desde hace un tiempo hay una idealización de la figura de Alfonsín, potenciada por las derivas de una Argentina que persiste en su decadencia?–Creo que sí, que se está embelleciendo la figura de Alfonsín, en contraste con lo lúgubre que se ve el presente. Entonces se lo recorta de una manera que sea inapelable.–Usted recorrió un camino que lo llevó desde la periferia del peronismo a las orillas del radicalismo, pero en particular, a Alfonsín. ¿Cómo fue su acercamiento a su figura?–Lo conocí en el 78, en una conferencia. Era un progresista social y un conservador cultural o de costumbres. Eso se veía muy nítidamente. Nadie es la misma persona todo el tiempo y después dejó de ser eso. Yo no sabía todavía que además era un hombre de campo que veía al campo con su potencial productivo. De eso me di cuenta después. Tampoco sabía todavía qué significaba la familia para él, sobre todo la madre. Y nada de eso lo descubrí trabajando cerca de él, porque trabajar cerca de él para mí era trabajar cerca de Sourrouille. A Alfonsín lo habré visto unas diez o doce veces en mi vida, no más. Pero lo que ocurrió fue que él dejó una marca personal en mí que es la democracia. Yo no era para nada un demócrata hasta la campaña del 83.–Se podría decir que Alfonsín despertó en usted una convicción democrática que, hasta ese momento, no tenía.–Totalmente. Esa fue una transformación que él logró en mí, entre otras cosas, porque su capacidad de persuasión era extraordinaria. Era una convicción que no existía en mí, que se profundizaba a medida que progresaba la campaña del 83. Hace algunos años escribí El eslabón perdido, un libro que está dedicado a entender de dónde venía Alfonsín: quería saber cómo era su familia política, los gobiernos radicales de Hipólito Yrigoyen y Marcelo T. de Alvear. Y después me quedó una incógnita, saber quién era ese hombre y cómo construye su liderazgo, pero no desde el gobierno y desde la campaña, sino cómo construye su figura política desde los comienzos de los tiempos. Él nace en la nación radical. Nace en 1927 y en 1928 Yrigoyen saca casi 60% de los votos en la nación y 65% en Chascomús. En su familia, en los alrededores, no había ninguna otra cosa más que radicalismo.–Alfonsín pasa sus primeros años entre la militancia, los comités y el Congreso. Asumir como presidente es un salto de escala, pero también de naturaleza. ¿Cómo vivió eso?–Absolutamente. Era un hombre con un entrenamiento político de 38 años, pero con una total inexperiencia de lo que quiere decir gobernar. ¿Cómo creo que lo vivió? Era un hombre muy confiado en sí mismo. Quizá, demasiado. El radicalismo había dejado el gobierno en 1966. Diecisiete años después llega un hombre que no tiene más que una experiencia parlamentaria, con la intención de dar vuelta el país. Hay un capítulo que se llama “Semana de vértigo”, sobre su primera semana en Olivos, que revela su arrojo. Un arrojo, diría, no exento de improvisación.–¿En qué temas?–Por ejemplo, en el decreto de los Juicio a las Juntas. Él había hecho una reflexión filosófica con [Carlos] Nino, con [Jaime] Malamud Goti y otros filósofos del derecho como [Martín] Farrell, pero era una discusión un poco abstracta todavía sobre la arquitectura del juicio y sobre la cuestión de los tres niveles de responsabilidad. Porque en la distancia entre la idea conceptual y la práctica hay muchos problemas, problemas que lo persiguieron durante todo su gobierno. También hay un grado de improvisación en la cuestión sindical. Ahí se ve muy fuertemente la inexperiencia y el hecho de tener que retroceder con el intento de democratización sindical y después, de su reformismo en materia sindical. Esas idas y vueltas son propias de un hombre que vive el gobierno con una enorme tensión.&#8221;Alfonsín tenía que encarar los cambios en forma simultánea. Para él, había hilos invisibles que conectaban lo sindical con lo militar&#8221; –Pero decide jugar partidas simultáneas, en todos los frentes. Usted lo llama el triángulo móvil: la cuestión militar, la sindical y la económica.–Todo al mismo tiempo. Habiendo participado del gobierno, siempre me llama la atención la forma en que cada uno de los actores que ve la cuestión fragmentada, por ejemplo, nosotros desde el ministerio de Economía, somos incapaces de mirar plenamente todos los platillos chinos. ¿Podía haber hecho otra cosa? ¿Podía haberlo hecho en secuencia? No podía, porque el cambio que se proponía necesitaba simultaneidad, necesitaba mostrar que él estaba ahí para hacer un cambio radical, en un sentido distinto al radicalismo.–El impulso por los cambios simultáneos, ¿no era contradictorio con la estabilización política que él necesitaba?–No tenía más remedio que hacerlo simultáneamente. Él no hubiera estabilizado si iba por el camino modesto. Porque efectivamente para él había hilos invisibles que conectaban lo sindical con lo militar; el pacto militar-sindical, por ejemplo.–Alfonsín fue al Liceo militar y pasó su adolescencia pupilo en Campo de Mayo, lugar al que vuelve durante el levantamiento de Semana Santa. Y durante la dictadura buscó abrir una cuña con los militares, hasta que después hay denuncia e intransigencia. Pero buscó dialogar con ellos.–Sí, yo lo llamaría dialoguista. ¿Por qué no? Para entender ese diálogo, hay que partir de Onganía. Eso era el corporativismo, eran los militares quedándose para siempre, era la supresión de los partidos políticos, era la negación de la democracia. En cambio, en los comienzos de la dictadura del 78, lo que prometía Videla era, en algún momento, una transición democrática. En consecuencia, todos los políticos argentinos de alguna envergadura tuvieron diálogo con los militares. La diferencia es que él lo hizo público. Él sacaba una revista que se llamaba Propuesta y Control y contaba el doble juego con los militares: por un lado, presionando por una salida democrática, y, por otro lado, denunciando la desaparición de personas, el terrorismo de Estado. Juega fuerte. Primero, porque era una cuestión táctica. Y segundo, porque él no iba a renunciar nunca a ningún camino. ¿Pego a través de mis editoriales? Sí. ¿Dialogo? También. Todos los caminos eran buenos si el destino era un muerto menos y un paso más camino a la democracia.&#8221;Antes del levantamiento, Alfonsín anuncia el proyecto de ley de Obediencia Debida; los militares apuran la rebelión para que eso parezca una concesión&#8221; –Y después está su participación en la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y la denuncia del uso que la dictadura hacía de la Guerra de Malvinas.–Eso diría que es su lanzamiento como candidato presidencial. Es el momento en donde él se diferencia. Ahí uno se da cuenta de lo siguiente: lo que gana siempre es alguna versión de la nueva política. ¿Qué era Alfonsín separándose? Era el distinto a todos los demás. Eso se ve después también con Néstor [Kirchner], la propia Cristina [Kirchner] y [Mauricio] Macri. Macri fue lo novedoso, la diferencia. No estoy juzgando si fueron buenos o malos gobernantes, eso es otra historia. Alfonsín fue lo nuevo, un experimento raro: la democracia. La democracia como método. La democracia como solución. Esa idea que nos pareció a muchos tan ingenua, “con la democracia se come, se cura y se educa”. Lo que quería decir esa frase es lo que Alfonsín es: democracia liberal más justicia social. Y con esas armas iba a pelearle al peronismo.–Usted reconstruye los levantamientos militares y el modo en que Semana Santa quedó inscripto en la memoria colectiva: que Alfonsín terminó cediendo frente a Aldo Rico.–Alfonsín es el triunfador de Semana Santa, pero no fue el ganador político porque la marca de que había sido un retroceso quedó. Los carapintadas jugaron muy bien sus cartas. Antes del levantamiento Alfonsín va a Córdoba a anunciar el proyecto de ley de Obediencia Debida. ¿Qué hacen ellos? Apuran la rebelión para que eso aparezca como una concesión y una debilidad del gobierno de Alfonsín. Y la verdad es que lo logran. Es cierto que él podría haber lanzado ese proyecto de ley antes, incluso en los primeros días de gobierno. Pero él creyó que los militares podían lavar sus culpas. Pensó que podía haber un Informe Rattenbach sobre el terrorismo de Estado. Eso no ocurrió y, entonces, dejó la cuestión de los juicios en un terreno muy complicado: el encadenamiento de los hechos lo lleva a él a tener que ir acercándose cada vez más a una ley de Obediencia Debida. Estoy convencido de que fue un golpe grande para él darse cuenta de que los militares no se iban a juzgar a sí mismos. Hay errores de cálculo.&#8221;A veces uno entra en un proceso de acostumbramiento del deterioro, que avanza lentamente, y es como la rana en el agua&#8221; –En definitiva, Alfonsín pasó los años de su presidencia tratando de consolidar la figura presidencial como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.–Todo el tiempo es eso. Es interesante cómo sigue la historia después de Semana Santa: los levantamientos posteriores y las dificultades que tiene Alfonsín para administrar eso fuera del contexto épico que había acompañado a Semana Santa. Así como en Semana Santa Rico es un ganador político en la construcción de la imagen que va a perdurar, al mismo tiempo es un derrotado en el campo militar, entre otras cosas, porque hay generales que sí estuvieron dispuestos a reprimir. Y lo que le ocurre a Alfonsín después hasta el final de su gobierno es la travesía del desierto sin cantimplora.–¿Qué pesó más en sus frustraciones? ¿La herencia económica o la herencia de sangre?–Creo que la dictadura le deja una economía colapsada y endeudada. Era muy difícil que las cosas salieran bien. ¿En dónde se refugia Alfonsín? Se refugia en sus viejas ideas. Igual que el peronismo.–Todos los gobiernos construyen una narrativa. ¿Cómo describiría el storytelling alfonsinista?–Alfonsín es democracia liberal con justicia social, y hoy se necesita algo parecido. Pero para la justicia social tenía que tener un soporte económico y al quedarse sin ese soporte toda la política de Alfonsín es una política defensiva. Al perder la batalla económica, se quedó con una narrativa renga. Como política defensiva no está en condiciones de plantear ampliación de derechos y eso sí es una cosa muy amarga para él. Es probable que, en parte, el gobierno haya sido una cárcel para las aspiraciones tan altas que tenía Alfonsín.–Aspiraciones que incluyeron, también, una reforma constitucional.–Sí, a él lo que le hubiera gustado es lograr una reforma constitucional como él quería y terminar siendo primer ministro en un gobierno parlamentario. Él tenía dos cosas: un proyecto de país y un proyecto de poder personal. Todo el tiempo lo tuvo.–Y tuvo, como otros presidentes, su “vamos por todo”.–Todos lo tuvieron y Alfonsín también lo tuvo. Él tiene dos grandes inspiraciones: una es la construcción de la democracia entre el 82 y el 83, y la batalla cuerpo a cuerpo por juzgar los delitos de lesa humanidad. Y la segunda, no voy a ser muy popular con esto, es el Pacto de Olivos. Con eso él consigue el largo plazo, consigue transformar la Constitución en una limitación del poder. El otro día Cristina Kirchner dijo: “Yo era convencional, pero esta Constitución no me gusta”. ¿Por qué no le gusta? Porque es limitativa del poder presidencial. Alfonsín logró un cambio de fondo que pocos le han comprendido, porque el Pacto de Olivos no tiene mucha popularidad.–¿Con eso pudo hacer el largo plazo que no pudo durante su gobierno?–Sí, podríamos decir que hubo dos grandes momentos: la construcción de la democracia, todavía frágil, pero la construcción de la democracia; y segundo, la construcción de la república, esto es, de la división de poderes, de la acotación del poder de los de arriba.–Para intentar comprender a Alfonsín sin justificarlo hay que aceptar que hubo errores. ¿Cuáles marcaría?–Por ejemplo, no sé si no hubiera convenido una ley de Obediencia Debida antes. Más, no estoy seguro de una pregunta que es tremenda. Me pregunto si un gobierno conservador que hubiera dado por buena la autoamnistía de los militares y hubiera acordado con los sindicatos, hablo de Luder, no hubiera tenido una oportunidad mayor de estabilizar la economía. Para un alfonsinista como yo, es una pregunta terrible.–Después de años difíciles para el radicalismo, ¿cómo ve a la UCR hoy?–Creo que necesita definir una personalidad política post alfonsinista y a la vez diferente del Pro. ¿Qué somos frente a Macri? Y a la vez, ¿qué somos frente a Cristina? ¿Cuál es nuestro lugar en la política argentina?. Creo que el radicalismo está a la búsqueda de ese lugar.–Algunos radicales dirían que hoy exhiben varios liderazgos competitivos.–Bienvenidos, que cien flores florezcan, porque además de una personalidad política colectiva con una visión del país se necesita un liderazgo con vocación de poder. En la UCR vocación de poder tuvieron Yrigoyen y Alfonsín. Nadie más. Hoy ese cetro está vacante. Para que las palabras “centro popular”, que hace muchos años ya inventó Alfonsín, no sean una cáscara vacía, hace falta la emergencia de ese liderazgo expresivo de lo nuevo.–¿Qué ve en el presente?–Hoy tengo frente a mi vista una década de estancamiento, diez años de caída de los salarios reales, de crecimiento de la informalidad, de caída de las exportaciones. Diez años en donde la economía no puede dar crecimiento ni justicia. Y frente a eso, ¿qué veo? Primero, la negación anacrónica del problema como si estuviéramos en el 45: Cristina. Y segundo, la propuesta de un ajuste sobre el ajuste que es Macri, convencido de que el pueblo argentino comprenderá el sacrificio para llegar a la tierra prometida. Y un ajuste sobre el largo ajuste es otra travesía en el desierto, pero ahora con las cantimploras vacías. Creo que si insiste por esa línea no tendrá ni un semestre de gracia.–Describe es un asomarse al abismo.–Me pregunto si esto ya no es el abismo. A veces uno entra en un proceso de acostumbramiento del deterioro. Es como la rana en el agua tibia. Y puede que estemos viviendo una cosa así, porque si el cristinismo es un anacronismo negador y el macrismo es una revolución liberal con un ajuste fuerte en una sociedad ya castigada por diez años de ajuste, eso puede dar una situación, como hubiera dicho Juan Carlos Portantiero, de un empate catastrófico que se da, además, en un contexto extremo de pobreza e informalidad. Yo tengo miedo y preocupación. Es más necesario que nunca un liderazgo que pueda avanzar en un programa reformista, yo lo llamo una coalición exportadora, y que al mismo tiempo sepa proteger a los que quedan a la intemperie. Eso es una ingeniería política complejísima que exige, por un lado, calibración técnica, pero por otro lado una gran sensibilidad del líder político. Y lo que yo no veo es un líder político pensando en esta clave.Rodrigo Nespolo &#8211; _72A2207ENTRE LA POLÍTICA Y LA ECONOMÍAPERFIL: Pablo Gerchunoff■ Pablo Gerchunoff nació en 1944. Es historiador económico. Profesor emérito de la Universidad Torcuato Di Tella y profesor honorario de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.■ Es profesor visitante en diversas universidades extranjeras. Es miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y becario de la Fundación Guggenheim (2008/2009).■ Ha recibido el Premio Konex 2016 como personalidad destacada de las humanidades argentinas en la categoría Desarrollo Económico.■ Es investigador asociado del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Alcalá de Henares.■ Ha escrito sobre temas de economía política e historia del desarrollo, solo o en colaboración. Entre sus publicaciones se destacan El ciclo de la ilusión y el desencanto; Desorden y Progreso. Historia de las crisis económicas argentinas 1875-1905; ¿Por qué Argentina no fue Australia? Una hipótesis sobre un cambio de rumbo; El eslabón perdido; La caída y La moneda en el aire, conversaciones con Roy Hora. Acaba de publicar Alfonsín. El planisferio invertido.Astrid PikielnyConforme a  los criterios deConocé The Trust Project</p>
<p><a href="https://www.lanacion.com.ar/ideas/pablo-gerchunoff-alfonsin-es-democracia-liberal-con-justicia-social-y-hoy-se-necesita-algo-parecido-nid08102022/" nofollow>Fuente</a></p>
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		<title>Un empujón al esfuerzo creativo de los jóvenes</title>
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		<pubDate>Sat, 10 Sep 2022 11:15:33 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Yse va la tercera. El Premio Estímulo a la Escritura “Todos los tiempos el tiempo” –lanzado por la Fundación Bunge y Born, Fundación Proa y [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Yse va la tercera. El Premio Estímulo a la Escritura “Todos los tiempos el tiempo” –lanzado por la Fundación Bunge y Born, Fundación Proa y LA NACION en el pandémico 2020– convoca hasta el 20 de este mes a narradores, guionistas, dramaturgos, historietistas e ilustradores de todo el país a presentar sus obras en desarrollo. A diferencia de otros concursos, “Todos los tiempos el tiempo” selecciona versiones provisorias de obras inéditas, “borradores” con un mínimo de páginas ya terminadas. Está destinado a jóvenes de 20 a 40 años, y las bases y condiciones se pueden consultar en la página web https://todoslostiempos.org/. En esta ocasión, se entregarán cuatro premios de 350.000 pesos en las categorías de narrativa, narrativa breve, dramaturgia y guión, y un incentivo a la edición de 250.000 pesos para la publicación de una novela gráfica.&#8221;Las categorías del premio son narrativa, narrativa breve, guión y dramaturgia&#8221; En su primera edición, hubo 1100 inscripciones y, en 2021, cerca de 1300 de las 24 jurisdicciones del país. Para este año, los organizadores esperan más de 1500 proyectos. Fueron jurados del certamen figuras reconocidas del teatro, las letras, el cine y la narrativa gráfica como Alfredo Arias, Pablo Gianera, Leila Guerriero, Ariana Harwicz, Mariano Llinás, Pola Oloixarac y Sole Otero. Este año, integran el jurado los escritores, docentes y críticos Daniel Link, Mercedes Halfon, María Sonia Cristoff y Héctor M. Guyot. “Estoy muy contenta de participar como jurado de este premio –dice Halfon–. Producir literatura en nuestro país es difícil, los tiempos de un proceso de escritura son dilatados y muchas veces quienes escribimos terminamos llenándonos de trabajos de todo tipo para salir a flote. Que un premio apoye la escritura y no la obra terminada es un modo de visibilizar ese trabajo”.“El premio a proyectos en desarrollo siempre tiene un componente de riesgo e incertidumbre –dice Gerardo della Paolera, director ejecutivo de Bunge y Born–. Es una buena señal que muchos de los proyectos premiados en las ediciones pasadas hoy se hayan convertido en obras publicadas, ya sea en forma de libro, obra de teatro u otro formato. De algún modo se valida la idea de que el premio representa para los autores un impulso valioso para terminar sus obras”.&#8221;Hay además un incentivo para la publicación de una novela gráfica&#8221; Norberto Frigero, director de Relaciones Institucionales de LA NACION, sabe que la decisión de establecer un rango etario de 20 a 40 años motivó reclamos por parte de los mayores de 40. “El espíritu que tiene el premio es promover trabajos de jóvenes de todo el país; es una convocatoria nacional y eso abre expectativas muy interesantes. Es una apuesta al talento y a la creación de los jóvenes argentinos”.Varios de los proyectos galardonados en ediciones pasadas llegaron a librerías. Entre ellos, El museo de la memoria humana (Orsai), libro de cuentos de ciencia ficción del marplatense Valentino Cappelloni (que ganó en la categoría de ficción en 2020), y La Madriguera (Hotel de las Ideas), novela gráfica de Femimutancia (Jules Mamone, Villa Gesell, 1989), seleccionada en 2020. Otros, como Metrochenta, de José Guerrero (Río Negro, 1988), se vieron en salas teatrales: la obra de Guerrero, premiada en dramaturgia en 2021, se estrenó en julio de este año en Timbre 4.“Participar de concursos es casi una obligación para los escritores jóvenes, y especialmente para los inéditos –sostiene Cappelloni–. No es fácil publicar”. Para este joven autor nacido en 1992, el premio otorgado a un escritor inédito es como una medalla. “Una medalla para validarse primero ante uno mismo, y después ante la familia, los amigos, otros escritores –destaca–. Y también para validar un texto cuando se sale a buscar una editorial”. Cappelloni llevó sus cuentos al taller del escritor Martín Felipe Castagnet. “Con él trabajamos intensamente. Los cuentos se alargaron, cambiaron, aparecieron nuevos, y cuando el libro estuvo terminado surgió la posibilidad de publicarlo en la nueva colección Central de Orsai, en una edición muy linda. Quizás el camino del libro hubiera sido otro sin el premio, quizás no lo habría trabajado tanto, no habría podido publicarlo o hubiese renunciado a escribir. Hoy es lo que es, y un poco yo soy quien soy, gracias a él. Así que invitaría a todo el mundo a participar, sin excepción. Yo mandé mi texto el último día de la convocatoria”.Otro autor premiado en 2020, en el rubro de dramaturgia, fue Patricio Ruiz (Azul, 1989). “Recibí el Premio Estímulo por mi obra Rubbish: recital para maricas, viejas divas y albañiles, en la que recupero parte de la biografía de Manuel Puig y la mezclo con la propia y una enorme cantidad de fantasías. Este premio es un reconocimiento al proceso, algo que por lo general el exitismo en el mercado del arte no habilita. Estoy seguro que perdurará, porque los artistas vivimos en emergencia. Las formas en las que muchas veces nos pagan, siempre desfasadas de la realidad que se encarece, y las informalidades a las que nos vemos expuestos, sumado a la falta de políticas culturales de algunos gobiernos, crean la necesidad de premios como ‘Todos los tiempos el tiempo’. Espero se multipliquen, para que existan más recursos y compañeros reconocidos tanto artística como materialmente”. Actualmente, Ruiz trabaja con el director Dennis Smith en el montaje de su obra.Además de los premios económicos, el certamen establece la entrega de menciones en las categorías de narrativa, narrativa breve, guión y dramaturgia; los autores elegidos pueden asistir a clínicas de escritura interdisciplinarias coordinadas por Alan Pauls y Romina Paula. “La idea de las clínicas surgió para que los autores tengan la posibilidad de trabajar su material no solo con destacados escritores como Pauls y Paula, sino también con sus pares de distintas disciplinas –dice Adriana Rosenberg, directora de Fundación Proa–. Las miradas variadas hacen posible también la construcción de la obra. La posibilidad de compartirlas durante el proceso creativo nos pareció una gran oportunidad”.“Estuve en las dos ediciones de las clínicas, junto con Alan Pauls, y en los dos años trabajamos por Zoom –cuenta la escritora, directora y actriz Romina Paula–. Podría decir que cuando me lo propusieron me parecía raro hacer un taller con gente que no te eligió, en general la gente te elige porque quiere trabajar sus materiales con vos. Lo que tienen de interesante estas clínicas es que son interdisciplinarias, con participantes de todas las categorías. Eso es buenísimo. A diferencia de otros talleres que doy, hay opiniones desde otros lenguajes. Es una clínica de materiales cruzados es muy productiva”. La autora de Agosto revela que los materiales de los concursantes suelen estar muy avanzados. “Fueron experiencias muy buenas: todos le dedicaron tiempo y los trabajos crecieron con los comentarios de los compañeros”.En esta ocasión, no hay que perder tiempo: la convocatoria cierra un día antes del comienzo de la primavera.Daniel GigenaConforme a  los criterios deConocé The Trust Project</p>
<p><a href="https://www.lanacion.com.ar/ideas/un-empujon-al-esfuerzo-creativo-de-los-jovenes-nid10092022/" nofollow>Fuente</a></p>
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		<title>Economía de la atención y armas de distracción masiva</title>
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		<pubDate>Sat, 14 May 2022 05:17:46 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>“De todos los fenómenos que nos impiden pensar, el primero es la distracción”. Así comienza Distraídos, el primer libro del belga Thibaut Deleval, doctor en Derecho, publicado recientemente. Su foco es justamente repasar los obstáculos permanentes, cotidianos, culturales que impiden la actividad del pensamiento u obturan sus requisitos: tiempo y concentración.A poco de comenzar su repaso, se cruza con la llamada “economía de la atención”, a la que también podríamos definir como “economía de la distracción”: los entornos digitales, con sus redes sociales, sus correos y mensajerías instantáneas, sus pequeños estímulos, interrupciones y notificaciones han desarrollado –smartphone mediante– un ecosistema económico cultural orientado a “monetizar” esa atención fragmentada. Verdaderas armas de distracción masiva, como escribió el destacado analista de marketing y profesor de NYU Scott Galloway.Si Shoshana Zuboff puso énfasis en el “capitalismo de vigilancia” y las consecuencias del exceso y tráfico de datos e información personal, nuevas miradas prefieren enfocarse en las distorsiones que derivan del uso y manipulación del tiempo, ese bien escaso e incontenible.El producto final, diríamos, no somos las personas sino más concretamente nuestro tiempo. La elocuente onomatopeya de la aplicación TikTok, sus adictivos videos cortos y su algoritmo de alta eficacia parecen, en este 2022, su mejor síntesis: mientras la mayoría de las empresas de tecnología sufren caídas bursátiles o agotamiento de estrategia (de Netflix a Zoom o Uber), esa app de capitales chinos sigue siendo la más descargada y una de las cinco más populares del mundo.Tim Wu, actual asesor de la administración Biden, lo describió en su libro retrospectivo Comerciantes de atención con bastante claridad: la tapa de su edición original estaba ilustrada con un anzuelo. La captura de atención y la guerra por las distracciones atraviesa desde las maratones de series de prestigio a las coreografías absurdas, los memes simpáticos y la información de alto valor familiar.Un artículo reciente lo expresa en su título de forma elocuente: “Por qué los últimos 10 años han sido excepcionalmente estúpidos”, se pregunta Jonathan Haidt.Más allá de desmenuzar las causas, Haidt logra establecer un punto de inflexión. 2011, sostiene, fue el punto máximo del optimismo tecnodemocrático de la primera época de Internet con la Primavera Árabe y Occupy Wall Street como parte de un uso social y político de las redes. Pero para esa misma época, entre 2009 y 2012, las mismas redes probaron y popularizaron los botones de “Me gusta” y “Compartir” y cambios que abrían la puerta a los algoritmos que favorecían la viralización a través de contenidos polarizados y emocionales.Somos las personas, no ya las redes ni las marcas comerciales patrocinantes, ni siquiera los llamados “influencers”, los que nos hemos convertido en un ejército zombie de cazadores de adhesión.Los intentos de las redes sociales por maximizar su papel, con Mark Zuckerberg a la cabeza, se volcaron a una carrera alocada basada, precisa Haidt, en una visión ingenua de la psicología humana, poca comprensión de su complejidad y una subestimación de sus efectos.Justamente, en esa época, ya el libro pionero Superficiales. Qué está haciendo internet con nuestras mentes (2010), best seller de Nicholas Carr, ponía el foco en las características adaptativas, a nivel especie, a un entorno de información inmediata e ilimitada. El desplazamiento de una cantidad de operaciones mentales a “máquinas” (perdón el sesgo mecanicista) anticipa el tópico actual aunque no tanto sus efectos. También a comienzos de la década pasada llegó la omnipresencia de los dispositivos móviles tras el revolucionario lanzamiento del iPhone.Las recientes estadísticas de salud mental alertan, en los Estados Unidos, sobre alarmantes cifras de ansiedad, desesperanza y angustia crecientes. Especialmente en jóvenes, los más expuestos a estos fenómenos.Cuando se profundiza en las causas se advierte también la misma alteración de la relación con el tiempo que inquieta a Deleval. Necesidad de respuestas y aprobación inmediatas. Dependencia de la aprobación externa. Y más allá de las redes sociales y el llamado clickbait: ¿Qué nos pasa cuando al alcance de un click en Google encontramos de manera inmediata cualquier consulta práctica o profunda? ¿No habremos subestimado también el efecto de semejante maquinaria informativa?La instantaneidad es la regla, las esperas se convierten en desesperantes excepciones: un colectivo, trastorno de ansiedad reflejado en la ruedita que gira mientras los dispositivos realizan alguna operación que lleva tiempo&#8230;Ernesto MartelliConforme a  los criterios deConocé The Trust Project</p>
<p><a href="https://www.lanacion.com.ar/ideas/economia-de-la-atencion-y-armas-de-distraccion-masiva-nid14052022/" nofollow>Fuente</a></p>
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		<title>Oportunidades vestidas de falsos problemas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Informador]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 30 Apr 2022 07:17:28 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>La Argentina se comporta como un país ensimismado, ajeno a la nueva realidad de un mundo incierto, ciego ante los nuevos peligros, sordo ante las [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>La Argentina se comporta como un país ensimismado, ajeno a la nueva realidad de un mundo incierto, ciego ante los nuevos peligros, sordo ante las sorpresivas oportunidades que esas convulsiones pueden otorgarle.La invasión rusa a Ucrania acelera situaciones no previstas, como la revalorización de recursos esenciales con los que el país cuenta. Pero, insólito, a los gobernantes argentinos no se les ocurre otra cosa que lamentar la buena fortuna que nos regala chances como cara inversa de la desgracia de la guerra en Europa.Es un caso sin antecedentes. La Argentina produce alimentos y los precios se disparan y prometen mantenerse altos en los próximos años por el colapso bélico de la “panera de Europa”, la llanura fértil equiparable con nuestra pampa húmeda. También es una mala noticia la formidable oportunidad que significa tener Vaca Muerta, la segunda reserva de gas no convencional del mundo.&#8221;¿Qué país no querría ver que sus productos agropecuarios tienen una demanda extraordinaria y sus precios aumentan hasta reponer rentabilidades similares a las que tuvo Néstor Kirchner durante su mandato presidencial?&#8221; Los rezongos del oficialismo frente al “problema” del precio local de los alimentos o por la incapacidad para extraer y distribuir el gas son hijos de un descalabro mayor. Es el resultado de naturalizar las distorsiones y de correr detrás de sus consecuencias.El kirchnerismo convierte soluciones y oportunidades en problemas. ¿Qué país no querría ver que sus productos agropecuarios tienen una demanda extraordinaria y sus precios aumentan hasta reponer rentabilidades similares a las que tuvo Néstor Kirchner durante su mandato presidencial?Es el mismo país que poco menos que lamenta tener lo que el resto del mundo envidia.La Argentina encontró hace más de una década que la ciencia había desarrollado tecnología y recursos para hacer rentable la explotación de reservas de gas para más de un siglo y medio. Durante ese mismo lapso, se multiplicaron los subsidios a las tarifas locales y aumentaron las importaciones de gas licuado, un gran negocio para los pocos que participan de él.&#8221;El delirio energético es también geográfico. Veamos lo que sucede con los subsidios al transporte&#8221; Desactivar la bomba de los subsidios le costó tirar una gran parte del capital político de la presidencia de Mauricio Macri, solo para que, al regreso del kirchnerismo, volvieran a agigantarse las brechas entre el costo real de la energía y lo que pagan los privilegiados habitantes del AMBA.El delirio energético es también geográfico. Veamos lo que sucede con los subsidios al transporte. Un pasajero que toma un colectivo en La Matanza paga cuatro veces menos que otro de Bariloche, Bahía Blanca o Mar del Plata, y tres veces menos que los santafesinos, rosarinos y cordobeses. El boleto para porteños y bonaerenses del conurbano es la décima parte de su costo real, solo porque al kirchnerismo se le ocurre que así su clientela electoral estará más contenta.Si subsidiar hasta una distorsión irremontable es el problema original, discriminar por región o zona torna todavía más injusto el precio de los caprichos políticos convertidos en problemas fiscales.El campo argentino vuelve a tener una enorme oportunidad en un mundo cruzado por los efectos del cambio climático y por la guerra en uno de los principales centros de producción agrícola.En cambio, quienes tienen que liderar ese impulso para que el éxito del sector motorice la economía de todo el país actúan en contrario a toda lógica: aumentan la presión impositiva, desalientan las exportaciones por la vía de cepos e impuestos a la renta inesperada y demonizan a los protagonistas del sector más dinámico de la producción.Las facilidades que ofrecen la llanura y el agua potable, junto con el desarrollo biotecnológico del sector agropecuario, son ventajas comparativas que el gobierno de turno combate con especial ahínco. Dato: por razones climáticas, pero también por la desconfianza y la falta de incentivos, se prevé que la próxima siembra de trigo pueda ser hasta un 25 por ciento menor a la del año pasado.Ahí donde cualquier país se dispondría a incentivar mayor producción, en la Argentina se persigue a los productores y se los acusa de cobrar precios fijados en mercados en los que no participan de la decisión.Al Gobierno le preocupa el precio del pan con tanta intensidad como le resulta indiferente que los argentinos tengan una moneda fuerte e ingresos suficientes para pagar los productos que necesitan a precios reales. El año pasado, en otra genial maniobra para la construcción del desastre, llegó a impedir la exportación de carne para que bajara el precio en las carnicerías. El resultado es que se produce menos carne, entraron menos divisas por sus ventas al exterior y el precio de la carne para los consumidores argentinos siguió escalando sin freno.Existe en la Argentina una extraña insistencia en aplicar mecanismos que ya fracasaron, decorados con relatos épicos que chocan invariablemente con el sentido común y los hechos.Sin embargo, la destrucción del país es más complicada de lo que parece. Los recursos que suma el sector agropecuario, además de los que ofrece la propia naturaleza, suelen generar oportunidades como las que una vez más ya están frente a los argentinos.Esas chances existen, aunque el discurso del Gobierno las presente como problemas. Y mientras se cocina a fuego lento la carrera presidencial de 2023, son esas nuevas esperanzas las que dibujan un horizonte menos sombrío en estas horas de intemperie, desconcierto, división y pesimismo.Sergio SuppoConforme a  los criterios deConocé The Trust Project</p>
<p><a href="https://www.lanacion.com.ar/ideas/oportunidades-vestidas-de-falsos-problemas-nid29042022/" nofollow>Fuente</a></p>
<p>The post <a href="https://informador.news/2022/04/30/oportunidades-vestidas-de-falsos-problemas/">Oportunidades vestidas de falsos problemas</a> appeared first on <a href="https://informador.news">Informador</a>.</p>
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